Los microplásticos podrían estar amenazando silenciosamente la salud del cerebro humano: una nueva investigación sugiere que estas sustancias, que ahora se encuentran ampliamente en los alimentos, el agua e incluso el polvo doméstico, podrían desencadenar inflamación y daño en el cerebro a través de múltiples vías biológicas. Su acumulación a largo plazo estaría relacionada con patologías neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson.