Valeria nació en el campo, en el distrito de Jesús, en Cajamarca. A los 16 años ganó la Beca 18 para poder cumplir su sueño de estudiar en la universidad. Pero la alegría le duró poco: el gobierno de José Jerí redujo el presupuesto del programa y Valeria se quedó sin su beca. La frustración era grande, pero la voluntad también. Así que la familia y los amigos organizaron una colecta para que pudiera prepararse en una academia preuniversitaria y postular como miles de chicos a la Universidad Nacional de Cajamarca. Como los recursos eran escasos, Valeria tenía que trabajar y esforzarse muchísimo estudiando. En el proceso sufrió un infarto cerebral y fue llevada de emergencia a un hospital, donde debía ser operada inmediatamente. Pero el hospital no tenían los insumos ni el equipamiento necesario. La única opción era que la familia comprara directamente los medicamentos a través de un contacto que el mismo médico les dio. No había opción: si no le compraban a ese proveedor, el médico no operaría. Tres días después, Valeria entró a sala de operaciones, pero fue muy tarde. Valeria falleció en el quirófano, en las manos de un médico indolente y de un sistema corrupto.