En una industria cinematográfica azotada por la crisis, 'Una batalla tras otra' representa un ideal: es una película a la vez audaz y accesible, que ofrece el tipo de placeres viscerales que asociamos al cine de género pero también reflexiones sobre nuestro tiempo, y que demuestra el beneficio que la impronta personal de un creador puede aportar al engranaje maquinal de Hollywood. Sin embargo, eso mismo o algo muy parecido puede decirse de 'Los pecadores'. ¿Por qué, entonces, fue la de Paul Thomas Anderson la película triunfadora de la ceremonia de anoche? Aquí van cinco claves para explicarlo: