En medio de su más profunda crisis económica, sin cohesión interna y con presiones externas, la dictadura cubana no tuvo más remedio que entrar en negociaciones arbitrarias, forzadas e intervencionistas con Estados Unidos para iniciar un cambio gradual, quizás siguiendo el modelo de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética, cuando ante el colapso económico implementó la Perestroika y la Glásnost para darle viabilidad al país y, probablemente, a sus propios líderes sempiternos.