Javier Bardem subió al escenario de la gala de los Oscar con una chapa roja de letras grandes colgada en la solapa. "No a la guerra." La misma que llevó hace 23 años en la ya legendaria gala de los Goya que se opuso a otra guerra, aquella en Irak. Antes de anunciar el Oscar a la Mejor película internacional esperó a que la música de acompañamiento acabara y dijo: "No to war. Free Palestine." El público aplaudió la valentía del actor, dejando claro de forma inconsciente el abismo cultural que media entre Hollywood y España. Una gala apolítica, salvo algunas cosas. La Academia ya había avisado que esta gala estaría exenta de proclamas políticas, pero hubo un par de excepciones. Una fue un demoledor Conan O'Brien, que felicitó a los británicos porque ellos sí detienen a sus pedófilos , apuntando a los archivos Epstein y el reciente arresto del Príncipe Andrés. Jimmy Kimmel dedicó una pequeña pulla a 'Melania' , no nominada a Mejor documental. Javier Bardem, sin embergo, no tuvo problemas en nombrar guerras, países y líderes. Por qué el pin. En la alfombra roja, Bardem explicó a la prensa que el pin del "No a la Guerra" era el mismo que lució en los Goya de 2003 mientras protestaba contra lo que describió como lo que luego ha descrito como la "guerra ilegal de Irak" . Esta vez llevaba la insignia para protestar contra los ataques de EEUU e Israel sobre Irán. "Estamos aquí 23 años después, de nuevo con otra guerra ilegal creada por Trump y Netanyahu, causando mucho daño y matando a muchos inocentes", declaró . Además de esa chapa llevaba el Handala, figura de un niño de espaldas que el caricaturista Naji al-Ali creó en 1969 y que se ha convertido en símbolo de resistencia palestina. En Xataka Llevamos década y media rodeados de franquicias, secuelas y superhéroes. 'Sinners' apunta ahora en una nueva dirección Ironías legales. Un detalle completaba el retrato de guerras y conflictos contra el que protestaba Bardem: el actor palestino Motaz Malhees, uno de los protagonistas de 'The Voice of Hind Rajab', nominada a Mejor película internacional, no pudo acudir a la ceremonia porque las nuevas regulaciones del gobierno de Trump le impidieron viajar a EEUU con su pasaporte de la Autoridad Palestina. La película narra los intentos de rescatar a una niña gazatí de cinco años muerta por un bombardeo israelí. No a la guerra: Origins. Os recomendamos el podcast aún en curso ' Delirios de España ' dedicado a la gala de los Goya de 2003, para entender todas las implicaciones de las protestas de aquel año. La invasión de Irak era inminente y Aznar había mostrado públicamente su apoyo a Bush. Willy Toledo, Alberto San Juan y el grupo de teatro Animalario se apropiaron de TVE para clamar contra el propio gobierno: no hubo un plan oficial pero la inmensa mayoría de invitados y candidatos se pusieron las pegatinas. El propio Bardem fue el primero que esa noche inició las protestas con un "Nunca máis" contra la catástrofe del Prestige, que estaba teniendo lugar en esos mismos días. Industrias distintas. La brecha que separa la cultura política del cine español de la del cine estadounidense no es nueva ni accidental. En España, el sector tiene una tradición documentada de posicionamiento público: las manos blancas del presidente de la Academia José Luis Borau contra ETA en 1998, la marea violeta de los últimos años, los discursos sobre memoria histórica, el propio Bardem en 2003. La industria entiende que la gala es un altavoz y que usarlo tiene sentido, aunque tenga costes. Susan Sarandon, al recibir el Goya internacional en su visita a España, declaró que estaba "muy sorprendida" del ambiente de protesta política que se respiraba allí, en contraste con lo que describió como "censura" en Estados Unidos. Porque Hollywood funciona de otro modo. El activismo político explícito desde el escenario suele ser la excepción, no la norma. Bardem lo ha verbalizado con pocas contemplaciones: en los Emmy de 2025 , llevando una kufiya palestina, dijo que "no trabajaría" con ninguna empresa que apoyara a Israel, sumándose a protestas de otros actores de Hollywood . Añadió que no conseguir trabajos era "absolutamente irrelevante" comparado con lo que ocurre en Gaza. Protesta nacional. Es curioso que esto haya sucedido un año como este, el del triunfo de una película como 'Una batalla tras otra', altamente politizada. Sin embargo, aunque hubo distintas proclamas a favor de la paz y con bienintencionados deseos de mejorar el mundo (empezando por los del propio director de la película, Paul Thomas Anderson), nadie expresó las reivindicaciones con tanta contundencia como Bardem. Que demostró así que el "yo soy español, español, español" va más allá de ganar al tenis de vez en cuando. En Xataka | Dos Oscar con el mismo número de serie: cómo se gestó el mayor y más confuso fraude silencioso de la Academia - La noticia La gala de los Oscar ha sido completamente ajena a los conflictos de Irán y Palestina excepto por una persona: Javier Bardem fue publicada originalmente en Xataka por John Tones .