La tecnología está impulsando una evolución en los perfiles que se demandan por parte de las empresas, al tiempo que expande el ámbito geográfico que puede abarcar cualquier profesional. Por ello, las universidades deben preparar a sus estudiantes con conocimientos técnicos y con habilidades transversales como el pensamiento crítico, la adaptabilidad a nuevos entornos y contextos, la capacidad de aprendizaje continuo, o el trabajo colaborativo.