Hollywood nunca ha ocultado que la gala de los Oscar es un gran espectáculo televisivo, pero también una plataforma para el posicionamiento político. Más aún en tiempos como los actuales, con guerras abiertas en distintos frentes y un presidente estadounidense, Donald Trump, más desatado que nunca. Sin embargo, en la 98 edición de las preciadas estatuillas se echó en falta algo más de riesgo.