«No es agradable. A todos nos gustaría que salieran todas las cosas que deseamos, anhelamos y soñamos, pero, a veces, es mejor tener los pies en la tierra, en la realidad. Los contras son mayores que los pros. La vida implica tomar decisiones, unas nos gustan más que otras. Y esta es sensata y responsable. Queríamos ser sede del Mundial, pero no a cualquier precio». Inés Rey, en la comparecencia conjunta y previa y en rueda de prensa posterior a la renuncia al Mundial y anuncio de reforma de Riazor de la mano del Deportivo, reconoció que acoger partidos de la cita de 2030 se había convertido en un imposible para la ciudad.