Hay un verso que simboliza muy bien el clima emocional desde el que se escribe este libro: «Todo lo que me queda es solo blues». Es casi una proclama del vitalista que hay en Carlos Aganzo, y también una forma de retratar el momento vital al que aluden estos poemas. Poemas que narran experiencias de una edad, del amor y el desamor , de vivir en el filo de las esperas y las nostalgias, de los cambios hacia todas esas personas en las que nos va convirtiendo el tiempo. 'Que no acabe este blues' habla de la noche, sus venenos y sus músicas, esas que se han convertido en la banda sonora de una vida y que imponen otra vez su melodía en el presente. El diálogo con temas de Sam Myers, Chet Baker, Dorothy Moore , Carmen McRae, Billie Holiday o Ella Fitzgerald, entre otros, le dan pie a Aganzo para que interprete el ritmo y la voz de ese personaje que habla en sus poemas y que se convierte en uno de los hallazgos más seductores del libro. Mundano, sentimental, irónico y con no pocos guiños de humor, bebe los últimos tragos de relaciones que salieron mal, apura el tiempo y compone un largo lamento que habla de decadencias y cosas que se han ido, de las mujeres que pasaron y las heridas abiertas, de los celos, de estar en locales que ya no existen viviendo una historia de amor que ya es solo posible en los sueños. En medio del humo de los garitos de la vida y del resto de las copas, quiere recuperar lo irrecuperable: las mujeres fatales que le dejaron el alma llena de veneno, ese amor que fue grande y hoy es solo las huellas de unos labios del color de la ceniza. Aganzo toma pie en todas esas piezas célebres del 'blues' para componer su propio 'blues', a ritmo de encuentros y desencuentros, de dolores y búsquedas. Cada uno de estos poemas es una canción, una variación libre a partir de la cual van apareciendo sus propios escenarios sentimentales, tan castellanos y tan íntimos. Y se hacen eco de un mundo que está desapareciendo, que está cambiando y cuyas noches ya no son lo que fueron. Es por eso un libro sobre el tiempo y sus encrucijadas, sobre la debilidad y el afán de construirse de nuevo. El libro es una delicia de principio a fin. El diálogo entre música, poesía y biografía construye con los lectores un mundo que es tan cotidiano como cultural, unas palabras que, como él dice, dejan la luz de la entrada encendida por si alguien regresa. Este es el nuevo regreso de Carlos Aganzo después de su maravilloso 'Paraíso claustral'. Un puñado de poemas verdaderos, emocionantes, un cancionero amoroso que crea complicidades en el lector, bellamente ilustrado por Naiel Ibarrola. 'Que no acabe este blues' es todo un desafío de un hombre que se niega a perder la llama del amor, la llama de la poesía y que, a pesar de la música de la soledad y del vacío, cada noche pone una pieza de 'blues' o de 'jazz' para que todo vuelva a cobrar sentido, para que todo vuelva a cobrar el ritmo, la voz, la cadencia de haber vivido. Un libro magnífico que nace de aquello que dijo Viola Davis: no se canta para sentirse mejor, se canta porque es la manera de entender la vida.