Rueda por ahí una maldad de café que aúpa la sospecha de que hay más poetas en el barrio de Lavapiés, en Madrid, que lectores de poesía en toda España. No sé yo si avalar el asunto, pero sí me sirve para acreditar que el oficio de poeta y el oficio de editor de poesía son dos exotismos de difícil sondeo, más allá de la áurea marginalidad de ambas condiciones, tan masivas como recónditas. Hay casos de alta excepción, donde el escribir se baraja con el editar. Así, Pablo Méndez , madrileño del 75, que lleva años empujando con alegría la editorial Vitruvio , y además reúne una bibliografía propia, singular y sostenida, desde aquel memorable libro, 'Una flecha hacia... Ver Más