Nuestro cuerpo nos habla todos los días. Unas veces nos habla bajito y otras a gritos, aunque no siempre lo oímos y pasamos por alto todas las señales de alarma. Todo lo que ingerimos desde por la mañana, la frecuencia de ingesta de alimentos y bebidas y el orden en que tomemos los alimentos en el desayuno, comida y cena van a marcar un antes y un después. En nuestras manos está ralentizar el envejecimiento no sólo de nuestra apariencia externa, sino el más importante: el envejecimiento de nuestras células y por consiguiente el envejecimiento de nuestros órganos en general de todo nuestro cuerpo.