Las heroínas bíblicas de Guercino deslumbran en el Thyssen

Si hablamos de Giovanni Francesco Barbieri, quizá pocos sepan quién es. Pero si lo hacemos de Il Guercino , la cosa cambia. Es uno de los grandes pintores del Barroco italiano , nacido en Cento en 1591 y fallecido en Bolonia en 1666, y un gran narrador de historias. Una de sus obras, 'Jesús y la samaritana en el pozo' -adquirida por el barón en los años 70-, forma parte de la colección del Thyssen , que rescata uno de sus antiguos proyectos, las exposiciones de contexto. Son muestras de pequeño formato en torno a un cuadro de los fondos del museo, que permiten comprender mejor tanto la pintura como al artista que la hizo. En este caso, cuelgan junto a él, en la sala 12 de la colección permanente y hasta el 14 de junio, cinco obras de Guercino, todas con un común denominador: están protagonizadas por heroínas bíblicas . Es un tema muy popular en el siglo XVII. Hay préstamos del Prado, el Louvre, la Dulwich Picture Gallery de Londres, la Pinacoteca de Brera en Milán y el Museo de Bellas Artes de Estrasburgo. Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, las divide en tres tipos de heroínas bíblicas: la mujer pura e inocente , maltratada por el hombre y víctima injusta (Susana y Agar); la pecadora arrepentida (la adúltera y la samaritana, ambas anónimas) y la 'femme fatale' (Salomé y Dalila). Pero Guercino saca a estas últimas de esa etiqueta: no son seductoras, sino sumisas. En el caso de Salomé, es un instrumento de la venganza de su madre, Herodías; en el caso de Dalila, es la heroína de su pueblo, que blande las tijeras como hace Judit con la espada con la que corta la cabeza de Holofernes. La exposición, advierte la comisaria, María Eugenia Alonso, conservadora de pintura antigua del Thyssen, permite conocer la evolución estilística del pintor: de un naturalismo feroz, con gestos muy espontáneos y el uso del claroscuro caravaggiesco, donde los personajes ocupan casi toda la superficie pictórica, a un clasicismo, con colores más brillantes, menos espontaneidad y mayor atención al texto bíblico, sin apenas licencias. «Su estilo consigue transmitir las emociones de los personajes a través del gesto, de la mirada... La Contrarreforma promovía la 'poética de los afectos'». Guercino tiene «una gran capacidad para retratar la psicología de estas mujeres. Son complejas, ambiguas, con dilemas morales . En estas obras refleja su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual. Posee un estilo muy personal». De familia de campesinos, autodidacta y gran dibujante, adquirió en vida una gran popularidad. Fue visitado por Velázquez en su primer viaje a Italia. Y sigue la pintura de los Carracci o Guido Reni. La pintura más temprana de la muestra es 'Susana y los viejos' (1617) , obra maestra cedida por el Prado. A la derecha de la composición, la mujer inocente, aislada e iluminada con una luz nacarada, con un cuerpo casi escultórico. Se está bañando en una fuente. A la izquierda, los ancianos, en penumbra, en una escena de acoso: observan libidinosos a la joven. Nos convierten a quienes la vemos en voyeurs. Es una de las obras que el artista pinta por encargo del cardenal Alessandro Ludovisi, arzobispo de Bolonia y futuro Papa Gregorio XV. Narra un momento de gran tensión recogido en el Antiguo Testamento. 'Jesús y la mujer adúltera' (h. 1621) , cedida por la Dulwich Picture Gallery de Londres, es también una obra temprana. Las figuras invaden casi toda la superficie pictórica del cuadro, creando un ambiente claustrofóbico. Se produce un diálogo moral muy tenso en el que la mujer, arrepentida, aparece cabizbaja, sujetada con fuerza del brazo por un soldado. y Jesús responde con un gesto de su dedo al juego de las manos del fariseo. Por su parte, 'Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista' (1637) , del Louvre, en depósito en el Museo de Bellas Artes de Rennes, describe un episodio de gran violencia. Se cree que el cuadro fue un encargo del marchante del pintor Lodovico Mastri. Guercino retrata a Salomé cabizbaja, arrepentida, no como una pecadora seductora, sino como víctima de su madre; hay un claroscuro menos intenso que en obras anteriores y más espacio en la composición. Ya en los años 40 pinta la obra del Thyssen, 'Jesús y la samaritana en el pozo' , con colores vivos, un paisaje más claro al fondo y las telas y objetos, con todo lujo de detalles. Hay otras dos versiones del mismo tema. El cuadro fue pintado para el coleccionista Giuseppe Baroni de Lucca. Narra el momento en que Jesús, de camino a Galilea, se acerca a un pozo a descansar y pide de beber a una mujer en Samaria. De los 50, se exhiben 'Sansón y Dalila' , del Museo de Bellas Artes de Estrasburgo, y 'Abraham repudia a Agar e Ismael', de la Pinacoteca de Brera en Milán. Guercino se permite una licencia: es Dalila, y no un soldado, quien se dispone a cortarle el pelo. La retrata como salvadora de su pueblo. El segundo, con una intención moralizante, es el cuadro más tardío de la muestra, de 1657. Narra el momento en que el patriarca de Israel expulsa de su casa a su sierva Agar y a su hijo Ismael. Ambas obras, de su periodo de madurez, tienen un marcado efecto teatral.