La llegada de la primavera trae consigo un peligro recurrente para los perros: la oruga procesionaria del pino. Lejos de ser un problema exclusivo del campo, esta plaga se ha instalado también en parques y zonas verdes de pueblos y ciudades. La presidenta del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya, advierte de los riesgos durante los meses de febrero a abril, cuando la oruga desciende de los pinos. El principal peligro reside en los pelos microscópicos que las orugas liberan cuando se sienten amenazadas. La curiosidad natural de los perros, especialmente de los cachorros, les lleva a acercarse, oler e incluso lamer las características hileras de orugas. En ese momento, entran en contacto con la toxina, que es "altamente tóxica y en los animales más sensibles puede llegar a provocar la muerte", explica la experta. La gravedad de la reacción depende de la intensidad del contacto. Una exposición leve puede causar irritación en la piel, secreción nasal o picor generalizado. Sin embargo, si el contacto es directo con la boca del animal, las consecuencias son mucho más graves, pudiendo provocar desde una intensa sensación de quemazón hasta edemas e inflamaciones que obstruyan las vías respiratorias y causen el ahogamiento. En los casos más severos, el contacto con la toxina puede provocar la necrosis de la lengua. "Pacientes míos han perdido media lengua por contacto con una oruga", afirma Verónica, quien describe cómo hay "trozos de la lengua que caen, literalmente, por culpa de la toxina". La mejor medida es la prevención. La recomendación principal de los veterinarios es evitar pasear a los perros por zonas de pinares durante esta época del año. Si es inevitable, es fundamental llevar al animal atado con correa y vigilarlo constantemente para que no se acerque a las orugas. Tampoco se debe tocar los nidos o bolsas blancas de los árboles. Si se produce el contacto, es crucial actuar con rapidez. Se debe lavar la zona afectada con abundante agua, preferiblemente caliente o templada, ya que el calor ayuda a desactivar la toxina. Es muy importante no frotar nunca la zona, pues "lo único que hacemos es que se rompan estos pelos, liberando más toxina", advierte la veterinaria. Inmediatamente después de aplicar los primeros auxilios, hay que acudir a un centro veterinario. "La visita al veterinario es absolutamente necesaria", subraya Verónica. Allí se le administrará el tratamiento adecuado, que puede incluir corticoides, antihistamínicos o analgésicos, y se evaluará el alcance de las lesiones. Aunque todos los perros están expuestos, las razas braquicéfalas o de morro chato, como el bulldog, el bóxer o el carlino, son especialmente vulnerables. "Como la distancia es tan corta entre la entrada en contacto y la glotis, la capacidad de que la glotis se inflame es mucho más alta", concluye la experta, lo que aumenta el riesgo de asfixia.