Dos personas con parálisis total logran chatear con el pensamiento a la misma velocidad a la que tú tecleas

Para una persona tetrapléjica , ya sea por el avance de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) o por una lesión medular, recuperar la capacidad de comunicarse con los demás es recuperar, entre otras muchas cosas, su identidad. Hasta ahora, las tecnologías de asistencia, como los sistemas de seguimiento ocular, resultaban lentas, agotadoras y propensas a errores . Sin embargo, un equipo de investigadores del Instituto de Neurociencia Mass General Brigham y la Universidad de Brown (EE. UU.) ha logrado derribar esa barrera mediante una interfaz cerebro-computadora que permite a dos pacientes con parálisis total escribir a una velocidad y precisión equiparables a las de dos personas sanas chateando a través del teléfono móvil. El estudio, publicado hoy en la revista ' Nature Neuroscience ', describe una neuroprótesis que no busca mover un cursor o interpretar letras dibujadas en el aire, sino algo mucho más intuitivo: usar un teclado QWERTY estándar . Mediante sensores de microelectrodos implantados en la corteza motora, la región del cerebro que orquesta los movimientos voluntarios, el sistema es capaz de captar la actividad eléctrica neuronal cuando el paciente simplemente intenta mover sus dedos para pulsar este teclado virtual. «Para muchas personas con parálisis, cuando se pierde el uso de las manos y de los músculos del habla, la comunicación puede volverse imposible», explica el doctor Daniel Rubin , neurólogo en el citado instituto y autor principal del estudio. Rubin señala que los sistemas actuales suelen ser «frustrantes» para los usuarios, lo que lleva a muchos a abandonarlos. Esta nueva interfaz, señala, «está en camino de convertirse en una alternativa vital frente a lo que se ofrece hoy en día». En este nuevo dispositivo, cada letra del teclado virtual está mapeada según una posición específica de los dedos : hacia arriba, hacia abajo o encogidos. Cuando el paciente imagina ese movimiento, los electrodos detectan la señal y la envían a un ordenador que traduce la actividad neuronal en caracteres mediante una red neuronal profunda. Finalmente, un modelo de lenguaje predictivo —similar al autocorrector de nuestros teléfonos— pule el resultado para garantizar una comunicación fluida. Los resultados en este ensayo clínico BrainGate han sido calificados como históricos. Los dos participantes, uno con ELA avanzada y otro con una lesión medular cervical, lograron comunicarse con rapidez tras apenas 30 frases de entrenamiento. Uno de ellos alcanzó una velocidad de 110 caracteres por minuto (unas 22 palabras), con una tasa de error por palabra de solo el 1,6%. «Es una velocidad que equivale al 81% de lo que logra un usuario medio escribiendo en un teléfono inteligente», destacan los autores. Lo más prometedor es que ambos voluntarios utilizaron el dispositivo desde la comodidad de sus hogares , demostrando que la tecnología está lista para salir del entorno clínico. Más allá de devolver la palabra, este avance supone también un cambio de paradigma en la rehabilitación . «Decodificar estos movimientos de los dedos es un gran paso hacia la capacidad de restaurar movimientos complejos de alcance y agarre en personas con parálisis de las extremidades superiores», afirma el doctor Justin Jude, investigador postdoctoral en la Facultad de Medicina de Harvard y primer autor del trabajo. El consorcio BrainGate, que desde 2004 une a neurólogos, ingenieros y matemáticos de múltiples instituciones, busca ahora que este hallazgo facilite el salto a la industria . Como apunta el doctor Leigh Hochberg, director del Centro de Neurotecnología y Recuperación Neurológica, el objetivo es «avanzar en las fronteras de la neurotecnología para que sea mucho más sencillo crear la forma final de estos dispositivos médicos implantables». Con este «teclado mental», la ciencia no solo ha logrado acelerar la velocidad de escritura, sino que ha abierto una ventana de privacidad e independencia para quienes, hasta ayer, vivían atrapados en el silencio de su propia parálisis.