Sí, lo quemamos todo

No lo hagan, por favor. Si acuden ustedes hasta Valencia para zambullirse en el zafarrancho falleril, cuando miren perplejos los monumentos falleros, nunca, pero nunca, pregunten con la voz teñida por la inocencia lo de «¿Pe-pero todo esto luego lo quemáis?». Sí, lo quemamos todo. Lo socarramos porque somos así de estupendos, porque abrazamos el rito del fuego purificador, porque no nos importa el despilfarro cuando el sol de la primavera demarra con sus primeros parpadeos de fulgor mortecino y porque, también, en fin, hay que asumirlo, conservamos un lado de cafetera mediterránea que nos gusta vindicar. La bestia conviene sacarla a pasear de vez en cuando mediante oportuno desparrame. Un amigo asturiano, cuando llevaba un lustro viviendo en Valencia,... Ver Más