Viktor Frankl convirtió el sufrimiento en una pregunta moral y humana. No escribió desde la teoría pura, sino desde una experiencia límite que marcó toda su obra. Por eso una frase como "Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos" no suena a consuelo fácil. Suena a exigencia.