Para aguacerito, para de llover

Estamos metidos en continuos aguaceros desde hace semanas. Una bendición para el verdor del campo y para llenar los pantanos. Pero ya estamos aguachinados cuerpos y campos. Así que, Lixania, la excelente violagambista que viene con el ensemble de Savall, canta con una voz cálida, ritmo y gracia a raudales: “para aguacerito, para de llover”. Cerraba la función que los conjuntos del insigne músico, -Capella Reial, Le Concert des Nations, y Tembembe- nos ofrecían en la temporada de Baluarte. Savall hace tiempo que rompió las costuras de la música antigua occidental y nos ha traído la música japonesa y de la India (DN 17-10-2010), la de Mali, Madagascar, Marruecos, Sudamérica… (DN 8-3-2018), y, también rompió con la tradición de escuchar a Bach siempre en violonchelo: su viola de gamba nos impactó en la S. Música A. de Estella (Revista Ritmo 1988). Savall: todo el mundo en su pequeña oquedad de la viola de gamba. Y sigue pletórico de energía, proponiéndonos un viaje al Virreinato del Perú, con un panorama del ambiente musical basado en el Códice “Trujillo”, que enriquece con glosas de virtuosismo barroco, con una agilísima digitación, por cierto, a su provecta edad. Según Juan de Santa Cruz Pachacuti, en su “Relación de Antigüedades del Perú” (1610), menciona a los “Tuacay Taqui”, especie de directores de canto, con canciones hímnicas, de plegarias, amor, cosechas. Etc. Bien es cierto que con una música no muy desarrollada: austera, sobria, muy regimentada y severamente restringida por el Imperio. Pero, luego, como con los retablos, vino el barroco y demás influencias. Savall fusiona el viejo y el nuevo mundo; y lo hace de la mejor manera, con los cantes de ida y vuelta (como dicen los viejos flamencos). Savall coge esa austera tradición –basada en la repetición, tanto en música como en danza– y la dota del esplendor barroco, con una dirección muy respetuosa; apenas leves indicaciones con su arco.