El año 1885 ocupó un lugar singular en la historia de Elche. Aquel año las tradicionales fiestas en honor a la Virgen de la Asunción no pudieron celebrarse en su momento habitual. Como era costumbre, la ciudad debía reunirse a mediados de agosto, en torno a los días 13, 14 y 15, para honrar a su patrona con funciones religiosas, música, festejos populares y diversos actos que reunían a vecinos y visitantes. Sin embargo, la epidemia de cólera que afectó a numerosas poblaciones españolas obligó a suspender aquellas celebraciones. Las autoridades y la población temían que la concentración de gente favoreciera la propagación de la enfermedad, por lo que las fiestas quedaron aplazadas hasta que la situación sanitaria permitiera retomarlas con seguridad.