Conducir de noche obliga a confiar en algo tan simple como decisivo: la luz de los faros del coche. Cuando la visibilidad desaparece y la carretera se vuelve imprevisible, los sistemas de iluminación del vehículo se convierten en el principal aliado del conductor. Sin embargo, un gesto aparentemente correcto al manejar las luces largas en carretera puede provocar justo lo contrario de lo que se pretende.