Definitivamente, las formaciones políticas estatales situadas a la izquierda del PSOE han desaparecido del mapa parlamentario en Castilla y León. La verdad es que el fracaso ha sido de reducidas dimensiones porque menguada era ya la presencia de este sector político en aquellos lares (Podemos ha perdido el escaño que tenía; Sumar no tenía ninguno y así sigue), pero la extinción siempre alcanza una resonancia trascendente por lo que tiene de rotunda cancelación y de fracaso total.El perverso diputado Rufián tardó muy poco en restregar en las redes sociales a la izquierda de la izquierda el aparatoso naufragio, que no hace sino confirmar sus temores: si no se produce una conjunción sincera, ilusionante y bien elaborada de todas las formaciones de izquierdas del país, desde Podemos a Sumar, desde el Bloque gallego a Compromís, desde Izquierda Unida a los demás pequeños partidos regionalistas con sensibilidad progresista, este espacio se quedará vacío de parlamentarios porque no emite mensaje alguno ilusionante, ni siquiera significativo, y el voto, por respeto, no puede desperdiciarse de este modo.Este vacío tiene además una particularidad: la izquierda radical, que generó el saludable estallido del 15-M de 2011, se convirtió no solo en una opción claramente progresista sino también en un repositorio capaz de recoger y capitalizar el voto antisistema, el procedente de aquellos colectivos y personas que detestan el bipartidismo, que están hartos de las formaciones tradicionales, que piensan que el país se halla en un impasse que resulta necesario desmontar para reconstruir las estructuras de otro modo.No resulta por tanto aventurado asegurar que el éxito de Vox –en una proporción que se asemeja a la alemana, algo por debajo del 20 % de los sufragios como media– está relacionado con la desaparición de la izquierda: una parte significativa de los desengañados con el modelo predominante hasta ahora ha de estar votando a Vox, porque sabe que este apoyo heterodoxo perturba el viejo sistema y lo lanza a una situación de inquietante bloqueo. Esta ya es, sin duda, la principal razón que debería impulsar a la izquierda a superar personalismos y a recuperar la unidad.