El personaje principal del libro Winesburg, Ohio, George Willard, es un joven periodista y aspirante a escritor que trabaja en el Winesburg Eagle, el único periódico del pueblo. Es un hombre curioso, que se relaciona con todos los vecinos y que, a veces, se convierte en su confidente y amigo. Pero en el pueblo también vivía un tal Joe Welling, un hombre de ideas fijas y bastante seguro de sí mismo. De hecho, creía que tenía la solución a todos los problemas. Y, como no podía ser menos, también pensaba que él podría llegar a ser mejor periodista que George. ¿Y por qué? Pues porque estaba convencido de poseer el mejor principio posible para cualquier noticia. Y así se lo hizo saber un día. Él afirmaba que aquello que puede acabar con todo es fuego. Por ejemplo, el envejecimiento era fuego. Las aceras, las tiendas y los árboles de las calles… todo está ardiendo constantemente. El mundo está en llamas. Y le aconsejó que sería bueno que empezara todos sus artículos con esta frase: «el mundo está en llamas. De esta manera conseguiría que la gente se fijara en él. «Dirán que eres un tipo inteligente. No me importa. No te envidio. La idea se me ha ocurrido sin más. No me negarás que en un periódico yo daría la campanada (…) Debería fundar yo mismo un periódico. Sería una maravilla. Todo el mundo lo sabe». Aunque siempre he desconfiado de este tipo de personas, prepotentes y vanidosas, no se puede evitar verlas salir al paso de repente. Y puede que a veces incluso tengan toda la razón. ¿Qué otra cosa podría escribir en estos momentos cualquier periodista? El mundo está en llamas, tal vez como nunca antes lo ha estado. Enciendes el televisor y solamente ves bombas, espesas humaredas y fuego. Fuego por todas partes. Si Joe Welling siguiera hoy entre nosotros, triunfaría con su terrible titular. El mundo está en llamas. Ardiendo.