Las guerras siguen decidiéndose en despachos donde casi nunca hay mujeres, pero sus consecuencias recaen con fuerza sobre ellas. La mayoría de los conflictos armados son planificados y dirigidos por líderes políticos, tradicionalmente hombres, mientras que las mujeres continúan teniendo poca presencia donde se toman estas decisiones.Sin embargo, ellas pagan un precio muy alto. La pérdida de seres queridos, los desplazamientos forzosos, la pobreza o la violencia forman parte de una realidad que afecta especialmente a las mujeres. Involucradas en conflictos que no han elegido, ellas deben asumir la responsabilidad de mantener a sus familias, cuidar a los heridos y reconstruir una vida cotidiana marcada por la incertidumbre y la falta de recursos. A ello se suma su escasa participación en la negociación y construcción de la paz. Aunque su papel es clave en la supervivencia y reconstrucción de las comunidades, su voz apenas llega a las mesas donde se decide el futuro tras los conflictos. Diversos estudios y organismos internacionales señalan que cuando las mujeres participan, los acuerdos son más duraderos y atentos a las necesidades de la población civil, incluyendo la educación, la salud, la justicia y la igualdad, y fomentando la convivencia y la reconciliación.La Organización de las Naciones Unidas ha subrayado repetidamente la necesidad de incluir mujeres en los procesos de paz. En el año 2000, el Consejo de Seguridad aprobó la histórica Resolución 1.325, que reconoce que, la paz difícilmente puede ser definitiva y sostenible si las mujeres no están presentes en los espacios donde se toman las decisiones.Quienes conocen de cerca el impacto de los conflictos armados en las mujeres son las corresponsales de guerra que cubren estos temas con especial sensibilidad. En Palma, invitada por el Movimiento Europeo, pudimos escuchar a la periodista y escritora Georgina Higueras, una gran profesional que ha cubierto entre otras la invasión de Camboya por Vietnam, la guerra de Afganistán, y las guerras del Golfo, Irak, Líbano y Georgia. Conoce de primera mano la realidad de las mujeres en las zonas afectadas, y los retos a los que se enfrentan las corresponsales de guerra.En un año marcado por tantos conflictos armados, las conmemoraciones del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, deben servir para visibilizar esta realidad. Las mujeres no queremos la guerra y exigimos también que nuestra voz se escuche cuando se tomen decisiones sobre la paz y la seguridad. No queremos que otros decidan por nosotras. Recogiendo el antiguo lema, volvemos a afirmar que «no, en nuestro nombre».