Todavía desconocía el significado de la expresión Oriente Medio, y ya la tenía clavada en la cabeza como un grueso tornillo. Cuando de niño empezaba a leer los titulares de periódico sin entender casi nada, ya me tropezaba habitualmente con el tal Oriente Medio en letras especialmente grandes, y no sólo era noticia siempre, sino que en mi ignorancia infantil ya me sonaba a lugar de perdición, en el que sucedían cosas muy extrañas, cuando no atroces. Con el tiempo me fui enterando más o menos de qué es Oriente Medio, y aunque paralelamente ya aprendí en el colegio que no hay un palmo de terreno en el planeta donde no hayan sucedido cosas horribles, y la prensa me seguía informando si volvían a suceder, lo de Oriente Medio continuaba siendo una especie de constante, una permanente pesadilla, como si en aquellas tierras polvorientas se hubieran reunido todos los dioses y demonios para asesinarse entre sí y hacernos la vida imposible. Que es exactamente lo que sucedió, y desde mucho antes de las Cruzadas, porque aunque la expresión Oriente Medio es propia del colonialismo británico, que trazó fronteras a lo loco con escuadra y cartabón, allí se había acumulado desde la más remota antigüedad (el Génesis) una religiosidad sin límites, y una densidad de divinidades que asfixia a los seres humanos. Judaísmo, Cristianismo, Islam… Milenios de guerras religiosas, todo es siempre muy religioso en Oriente Medio, incluido el petróleo. El lugar más conflictivo del universo, por exceso de mandatos divinos. Por lo demás, se trata de un espacio impreciso y variable, difuso en sus lindes, que más o menos abarca Arabia Saudita, Armenia, Catar, Emiratos, Irak, Irán, Líbano, Israel, Jordania, Palestina, Siria y Yemen. Bueno, Palestina ya no existe, pero se puede añadir Egipto y Baréin. Lo único seguro es que sigue ocupando todos los titulares. De joven yo leía Oriente Medio y mascullaba «¡Siempre igual…!», una exclamación muy vaga. En las exclamaciones no se busca precisión sino expresividad, así que ahora la he mejorado. «¡Otra vez la misma mierda!». Dioses todopoderosos disputándose por los siglos de los siglos grandes pedazos de desierto. Porque llevo toda la vida con esas dos palabras incrustadas en la cabeza. A los dioses logré sacármelos de ahí, a Oriente Medio aún no.