Así sabe la Semana Santa en Murcia: los secretos de una gastronomía que va más allá de la vigilia

La Semana Santa de Murcia no solo se vive en las calles con el peso de los tronos y la seda de las túnicas; también se celebra en la mesa, donde la gastronomía se convierte en una liturgia. Tres de los grandes nombres de la restauración murciana, Antonio Murcia, de El Alías; Miguel, de la Pequeña Taberna; y Pepe, del recordado Paco Pepe, han repasado en los micrófonos de COPE Nazarena los sabores que definen estas fechas tan señaladas. El bacalao se erige como el protagonista indiscutible de la Cuaresma. "El bacalao siempre ha sido el rey de los guisos de Semana Santa", afirma Antonio Murcia. Los potajes de vigilia, con garbanzos y espinacas, o las albóndigas de bacalao son platos que evocan los sabores de antaño y que, según Murcia, "estamos ansiosos por que lleguen estas fechas para prepararlo y recordar los guisos de nuestros padres y abuelos". Junto a él, desfilan otras elaboraciones que enriquecen el recetario de la vigilia. Miguel, de La Pequeña Taberna, recuerda con nostalgia "las habas fritas con sardina" o "ese potaje con albóndigas de bacalao". Pepe, por su parte, añade a la lista el tradicional "arroz y verduras con boquerones", un plato que se ha servido incontables veces durante la Cuaresma en la capital murciana. Más allá del bacalao, la huerta murciana ofrece un abanico de posibilidades que brilla con luz propia durante estas fechas. La alcachofa es uno de sus productos estrella, elevada a la categoría de "objeto de culto" en locales como La Pequeña Taberna. Su responsable, Miguel, asegura que para ellos "la alcachofa es el aire de cada día", un manjar que atrae a comensales de toda España. Aunque las tradiciones culinarias perviven, los hosteleros reconocen que las costumbres han cambiado. La práctica de la vigilia es menos estricta que antaño. "Son costumbres que ya están pasando un poco", admite Miguel. Sin embargo, la riqueza de la cocina regional, con platos como el pisto murciano, demuestra que se puede disfrutar de un gran festín sin necesidad de incluir carne. La gastronomía también acompaña a los nazarenos al término de las procesiones. Es tradición que los estantes repongan fuerzas con cenas contundentes, donde no faltan las chuletas de cabrito. Una de las anécdotas más curiosas es la del paso de "La Cena", cuyo cordero asado es real y, al finalizar el desfile, "los estantes se lo comen", como recuerda Pepe. El broche de oro a cualquier comida lo ponen los postres. Junto a las clásicas torrijas, un postre ha ganado un protagonismo especial: el paparajote con helado asiático. Miguel lo define como "un postre muy significativo de nuestra región" y un símbolo del "acercamiento entre Murcia y Cartagena". Finalmente, la conversación destaca el espectacular auge de los vinos de la tierra. Las denominaciones de origen de Jumilla, Yecla y Bullas ocupan un lugar de honor en las cartas. Como resume Miguel, "el complejo que teníamos los murcianos de pedir un vino nuestro está totalmente superado", y hoy los caldos locales compiten con los mejores del mundo.