Para calmar la ansiedad de tantos pensadores cuya bragueta no tiene enmienda, hay prevenidos en Córdoba 300 pisos de consolación. Más conocidos como casas de putas, una forma abrupta de empezar el artículo. Lo leo en un reportaje de este periódico, al que acompaña una fotografía que llena el alma de sombras. Las del pasillo de la casa donde un cliente, de espaldas, parece negociar con una terapeuta de los bajos el precio del tratamiento. Las figuras se intuyen, más que se definen, alumbradas únicamente por una bombilla que cuelga del techo. Todo lo demás es negro y desconchado. Falta la imagen criminal del proxeneta , un hombre discreto que únicamente se retrata para la policía. Los dos protagonistas parecen... Ver Más