Una alerta se ha encendido en el sector del trabajo social en Extremadura. Según un estudio iniciado por el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo, en los próximos 15 años se jubilará el 60% de la red de trabajadores sociales de la región. Este dato contrasta de manera preocupante con una realidad en las aulas: cada vez hay menos alumnos que eligen esta formación. El informe, que parte de una encuesta a más de un centenar de profesionales, subraya la falta de un relevo generacional para cubrir las vacantes que dejará la jubilación paulatina de los trabajadores sociales contratados en los años 90. Antonio Nisa, director del grado de Trabajo Social del centro, ha explicado que "no hay un relevo generacional en los próximos años porque cada vez hay menos alumnos, no solo en nuestro centro sino en otras comunidades autónomas". A pesar de que los jóvenes actuales muestran una gran conciencia social en temas como la igualdad o los derechos humanos, esta sensibilidad no se traduce en una elección profesional. Nisa apunta a un posible "desconocimiento" de la profesión o a que esta se identifica principalmente con la gestión de recursos. Además, ha señalado que existe un cambio generacional donde los jóvenes ya no sienten la necesidad de estudiar para asegurarse un futuro como en generaciones anteriores. Paradójicamente, el sector del trabajo social goza de buena salud en cuanto a empleo. En Extremadura hay aproximadamente unos 700 profesionales en ejercicio y el nivel de paro es bajo. Según Nisa, muchas de las personas que se presentan a las plazas no están en desempleo, sino que buscan mejorar sus condiciones laborales. De hecho, ha destacado que "ya no se entiende nuestro devenir diario sin un trabajador social de cabecera" y que más de la mitad de los alumnos de Santa Ana encuentran trabajo en el mismo año en que finalizan sus estudios. El director del grado también ha querido desmitificar la profesión, a menudo asociada exclusivamente a la pobreza. "La pobreza es tan fácil de arreglar que se arregla con dinero", ha afirmado Nisa, explicando que los desafíos más complejos son la exclusión social y otras circunstancias de las que nadie está exento. Los trabajadores sociales atienden a personas de todos los niveles adquisitivos en problemas como la atención a la dependencia, la violencia de género o los conflictos intergeneracionales. Para dedicarse a esta profesión, la vocación es un pilar fundamental. Nisa ha subrayado la importancia de tener "una especial empatía" y "creer en la capacidad que tenemos todos de mejorar". Este componente vocacional se refleja en el perfil del alumnado, que no solo se compone de jóvenes recién salidos del bachillerato, sino también de personas de edad madura que deciden iniciar la carrera movidos por un estímulo personal.