El considerado ahora gobernante de facto de Irán negoció durante años con Javier Solana, se opuso a Ahmadinejad y abrazó posiciones más duras para sobrevivir en el régimen. El Ministerio de Defensa de Israel asegura que lo ha matado en un ataque este martes El ministro de Defensa de Israel dice que su ejército ha matado al poderoso jefe de seguridad iraní, Ali Larijani Hace ahora dos décadas, Ali Larijani pasaba horas y horas de conversaciones con Javier Solana, entonces jefe de la diplomacia de la UE. En Viena, en Bruselas, en Ginebra, el iraní era la esperanza de una solución diplomática para frenar el programa nuclear de Irán y llegar a un pacto con Estados Unidos. No sucedería hasta el final del segundo mandato de Barack Obama, pero en aquellos años de transición Larijani era la principal vía para mantener el diálogo abierto. Larijani tenía ya entonces fama de fino y muy cortés diplomático aunque las negociaciones en 2006 avanzaban lentas a la espera de un contacto directo con Washington. Pero estaba claro que el negociador nuclear era el mediador pragmático que necesitaban los europeos y los estadounidenses. Sus intentos de llegar a un compromiso le llevaron a un enfrentamiento con parte del régimen iraní entonces. El Ministerio de Defensa israelí asegura ahora que ha matado a Larijani en un ataque nocturno este martes. Irán todavía no ha respondido a este anuncio. Si se confirmara la muerte de Larijani, el régimen de Teherán habría perdido uno de sus posibles negociadores para acabar con la guerra. Imagen de moderado Después de una carrera presidencial fallida en 2005, Larijani endureció algunas de sus posiciones para intentar integrarse mejor en el régimen, pero conservó la imagen de moderado frente al entonces presidente Mahmooud Ahmadinejad, a quien criticaba por las formas, más que por las políticas duras. Larijani fue esquinado por Ahmadinejad, pero decidió presentarse al Parlamento en 2008, donde fue portavoz desde entonces y hasta 2020 y siguió siendo una voz reconocible en el exterior. En las entrevistas, Larijani hablaba sobre todo de la prosperidad económica que quería para Irán. Su país tenía la capacidad de convertirse “en una sociedad con confianza en sí misma y un nivel aceptable de bienestar para todo el mundo”, según decía en 2008, en una entrevista en el Financial Times. Sus ideas pasaban por tener más expertos y menos ideólogos a cargo de los problemas del país, y se presentaba como un centrista que estaba de acuerdo en algunos puntos con reformistas y fundamentalistas. Entonces, al final de la Presidencia de George W. Bush, Larijani mostraba cierto optimismo sobre la vuelta del multilateralismo y comentaba cómo ya se notaba otro tono en los candidatos a las presidenciales de 2008, Obama y el republicano John McCain. “No tienen otra opción. Quieren restablecer relaciones con los países en la región que están muy enfadados con Estados Unidos”, decía Larijani, que esperaba que Irán jugara un papel para la paz. Ya con Obama, Irán firmó acuerdos con Estados Unidos sobre su programa nuclear en Lausana y en Viena en 2015. Gobernante “de facto” El consejo de los ayatolás no dejó a Larijani volver a presentarse a presidente en 2021 y en 2024 en parte por sus conexiones y las de su familia con Estados Unidos, pero fue nombrado como líder del clave Consejo de Seguridad Nacional. En enero de este año, fue el encargado de la represión violenta de las últimas protestas ciudadanas y luego de intentar contener la ira popular. Ahora, tras el ataque de Estados Unidos e Israel, Larijani era en la práctica el gobernante de facto de Irán. Si bien salió en televisión para decir que Estados Unidos “pagaría” por el ataque que mató al ayatolá Ali Jamenei, Larijani seguía siendo una figura con la que Washington habría podido negociar. Él tomó la iniciativa hace un año, poco después de la toma de posesión de Donald Trump, para pedir la reapertura de negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. A la vez, también fue él quien canceló en octubre la cooperación con la Agencia Internacional de la Energía Atómica, que hacía informes periódicos sobre la capacidad de Irán de fabricar una bomba nuclear. Larijani, nacido en 1958 en Irak, provenía de una familia de clérigos privilegiados. Su padre y su abuelo fueron ayatolás. Él hizo una carrera secular y estudió Filosofía y Matemáticas en la Universidad de Teherán. Era un especialista en el filósofo alemán Immanuel Kant, sobre el que escribió su tesis doctoral y varios libros. Su familia siempre ha estado más conectada con el exterior que otras figuras del régimen. Su hija, Fatemeh, médica, y ciudadana británica, terminó la especialización en la Universidad estatal de Ohio, en Estados Unidos, y ahora daba clase como neurocientífica en la Universidad de Emory, en Atlanta. Este enero, fue despedida después de las protestas en el campus de iraníes-estadounidenses. Para los europeos, Larijani seguía siendo un posible interlocutor aunque su retórica sonara ahora más dura que la de hace años. Lo que siempre tuvo claro fue su mensaje a Estados Unidos de que su país no era fácil de conquistar ni de convencer. “Irán no es un juego de niños. Irán es un rival duro”, decía Larijani en 2008. “No es Irak”.