Botafumeiros, confesionarios y un aquelarre: así fue el arranque del 'Lux Tour' de Rosalía

Si es verdad que Timothée Chalamet es consciente de que perdió papeletas para ganar un Oscar por despreciar «formas de arte obsoletas como la ópera y el ballet», mejor que no vea cómo son los conciertos de la gira más popular del momento. El 'Lux Tour' de Rosalía , que además de hacer sonar bien fuerte la ópera cuando en el set-list llega el turno de la ya totémica 'Berghain', comienza el show al ritmo de 'Sexo, violencia y llantas' saliendo de una caja vestida con un tutú e incluso se marca algunos pasos de ballet en el segundo tema, 'Porcelana'. Esa es la primera sorpresa (si descontamos que el escenario en forma de cruz no fue tal, y esa estructura se dejó para acoger a la orquesta en mitad de la pista) de un espectáculo barrocamente atiborrado de elementos visuales que conforman un relato perfectamente rastreable en redes sociales, donde abundan los vídeos de cada uno de los momentos del recital. Rosalía juega a decapar su vestido en la tercera canción del repertorio, 'Divinize', y tras una sobria 'Mio cristo piange diamanti', llega un inesperado homenaje al Maligno en ' Berghain ', donde la cantante simula tener unos cuernos negros y un outfit a juego para recrear el cuadro 'El aquelarre' de Goya, en el que un grupo de brujas se reúnen en torno al carnero que representa al Diablo. En la sección protagonizada por 'Saoko', 'La Fama', 'La Combi Versace' y 'De Madrugá solo se juega con el vestuario y las coreografías, pero al llegar el turno de 'El Redentor', única concesión a su primer disco, 'Los Ángeles', la escenografía vuelve a ser protagonista con una especie de muro medieval que hace las veces de altar, desde el que Rosalía lanza su plegaria. El propio repertorio también trajo una sorpresa en Lyon al incluirse una versión, nada menos que el 'Can't Take My Eyes Off You' de Frankie Valli & The 4 Seasons, que Rosalía aprovechó para hacer un guiño a la historia del arte pictórico al que tantas otras veces ha hecho referencias más o menos veladas. En esta ocasión, lo que hizo fue convertirse ella misma en pintura, cantando desde dentro de un marco de cuadro como si fuera una Mona Lisa del siglo XXI. No obstante, lo mejor estaba por llegar. Justo a continuación, en el esperadísimo momento de 'La Perla', el hit presumiblemente involuntario de 'Lux' (recordemos que su videoclip pareció muy improvisado y se rumorea que se rodó a toda velocidad al ver el éxito del tema en streaming), Rosalía habilitó un confesionario para que uno de sus fans subiera a contarle sus pecados, o más bien sus penas de desamor. Unos minutos seguramente aburridísimos para los que estaban allí por la música (sobre todo para los franceses, ya que la conversación de la artista con su seguidor fue en español), pero muy graciosos para casi todo el público reunido en el LDLC Arena de Décines-Charpieu, que se partió de risa con la confesión. «Ángel, cuéntame, ¿qué te trae a este confesionario? ¿De qué quieres confesarte?», dijo la confesora. «He tenido una pareja durante cinco años, y bueno, a partir de un día empezó a llegar tarde a casa, empezó a llegar a casa con perfume con olor a otro hombre». «¿De otro hombre?», contestó ella. «Me dijo que era perfume de taxi. Entonces lo que hice fue abrirme un perfil falso de Instagram para contactar e intentar ver qué estaba haciendo. Empecé a jugar con él, como a decirle cosas picantes, a tener conversaciones subiditas de tono, para ver si picaba. Y picó, picó». «¿Queé quieres decir?», le preguntó ella. «Que picó, que quedé con él para ir a un restaurante a una cena íntima. Quedamos allí, y cuando llegué, quien estaba conmigo era su madre. Nos pusimos a cenar los tres como si nada, y al final, pagó la cena nosotros hicimos una buena bomba d e humo. Corté la relación y no he vuelto a saber nada más de él». Entonces ella sentenció: «Básicamente, lo que te encontraste es lo que es comúnmente conocido como un perla. Así que tuviste tu pequeña venganza, pero esa fue la primera. Vamos a por la segunda». En 'Sauvignon Blanc', segundo single del disco, Rosalía optó por la sencillez de un piano como asiento desde el que cantar con las piernas colgando como una niña traviesa, y tras interpretar 'La Yugular' bajo una ligera lluvia de confeti, puso el estadio a hervir al pasearse delante de las primeras filas del público cantando 'Dios es un Stalker'. Y tras 'Memoria' y 'La Rumba del Perdón', llegó el momentazo escénico con más riesgo a nivel logístico, al cantar la viralísima 'CUUUUuuuuuute' bajo un botafumeiro que oscilaba a toda velocidad de un lado a otro sobre su cabeza. Ahí, Instagram empezó a echar humo también. Rosalía hizo otro cambio más de vestuario para abordar 'La Noche de Anoche' desde un diván con cojines y entrar en la recta final con 'Bizcochito', 'Despechá', 'Novia Robot' y 'Focu ranni', y clausurando con 'Magnolias' ella sola sobre las tablas, en un cierre minimalista para una noche maximalista para la música española.