Las tropelías se acumulan como las lluvias de un invierno que vive sus últimos requiebros perdiendo terreno a la primavera. El puente no soporta, pese a los pilones que lo elevan, sobre el tablero de hormigón armado, como el rostro de algunos, más abusos de la clase política que dirige el presente de este país y deja trazado el desconcertante futuro. El Centenario, lastimosamente, se ha convertido en el puente de las mordidas en bocados grandes al plato presupuestario; de los modificados al traje diseñado para, por fin, dar carta de lógica a un puente que nació cojo. ¿Os imagináis una infraestructura de esta trascendencia en Cataluña o el País Vasco con un carril reversible? Es el viaducto de los... Ver Más