La entidad de protección animal ARDE denuncia ante la Fiscalía una explotación de Castellote (Teruel) tras constatar con imágenes las “graves” condiciones de su interior, mientras que otra empresa asociada ha recibido casi dos millones de euros en subvenciones El dilema de las macrogranjas en Aragón: el Gobierno del PP las alienta mientras se disparan los nitratos en aguas bajo tierra Una granja de cerdos de Castellote (Teruel), que trabaja con empresas certificadas en bienestar animal, mantiene animales heridos, agonizantes y conviviendo con cadáveres en descomposición dentro de las instalaciones, según las imágenes inéditas a las que ha tenido acceso elDiario.es. Las grabaciones fueron realizadas por la entidad de protección medioambiental y animal ARDE entre los días 30 de octubre y 2 y 3 de noviembre de 2025 y 24 y 25 de febrero de 2026. La entidad ha denunciado los hechos ante la Fiscalía Provincial de Teruel por “presuntos delitos de maltrato animal, contra la salud pública y publicidad engañosa”. Los animales tienen heridas producidas por canibalismo; hay cerdos agonizantes que no reciben los suficientes cuidados veterinarios y algunos de ellos están muy sucios, con hernias o abscesos. Además, de las imágenes se desprende una gestión deficiente de los cadáveres, algunos de ellos acumulados en las instalaciones en contacto con los cerdos vivos, además de ratones vivos. La granja, ubicada en la comarca del Maestrazgo, cuenta con dos naves y una capacidad de hasta 1.500 cerdos. Está vinculada a la comunidad de bienes La Yruela y a Ganados La Yruela S.C., cuyo representante legal es Joaquín Dolz Adell, según la documentación interna consultada por este diario. Esta también refleja que 700 lechones fueron trasladados desde Cebaderos Porcinos S.L., cuyo representante es Carlos Dolz Adell, hacia Ganados La Yruela S.C. en enero de 2025. Esta empresa no ha respondido a las preguntas de este diario. Por otro lado, Ganados La Yruela S.C. mantiene relaciones comerciales con Frigoríficos Costa Brava, matadero vinculado a la marca Costa Brava Mediterranean Foods del Grupo Cañigueral, según la documentación interna a la que ha accedido este diario. El 17 de octubre de 2025 se trasladaron 190 cerdos de la categoría de cebo hacia este matadero. Hay certificados de limpieza y desinfección de vehículos de transporte de animales de carretera en el interior de las instalaciones, donde figura Frigoríficos Costa Brava S.A., a fecha de 28 de octubre. Frigoríficos Costa Brava S.A. recibió cerca de 2 millones de euros de fondos de la PAC entre 2015 y 2024, según la Open Knowledge Foundation Deutschland. Cerdos con abcesos en la granja de Castellote (Teruel). Costa Brava Mediterranean Foods, socio único del Grupo Cañigueral –que opera con diferentes sellos de calidad, así como la certificación en bienestar animal Welfair– dispone de 300 granjas propias o integradas, 17 plantas de producción y tiene presencia en más de 60 países. Su presidenta es Elisabeth Cañigueral Borrás, también consejera delegada de Costa Brava Foods S.A.U. y vicepresidenta de la patronal Foment del Treball. Dispone de 300 granjas propias o integradas, 17 plantas de producción especializada y opera en más de 60 países. Tras las preguntas de elDiario.es, fuentes de Costa Brava Mediterranean Foods explican que “dicha explotación nunca ha sido propiedad de nuestra organización y que actualmente no provee de animales a nuestro grupo”. En este sentido, señalan que los suministros que en el pasado hayan podido llegar a sus instalaciones “contaban con los requisitos indicados en el Reglamento General de Certificación en Bienestar Animal Welfair” y que “en ningún caso se detectó ningún tipo de afectación similar a las imágenes informadas”. Asimismo, subrayan que la compañía “mantiene un firme compromiso con el bienestar animal” y que sus plantas de sacrificio, despiece y fabricación están certificadas bajo este estándar. Añaden que sus servicios sanitarios oficiales inspeccionan los animales antes y después del sacrificio, incluyendo la verificación de los requisitos de bienestar animal conforme a la normativa comunitaria europea. En este sentido, indican que no han detectado “problemáticas de este tipo en las inspecciones realizadas en nuestras instalaciones”. Fuentes de Welfair se limitan a explicar que la granja “no está certificada” con el sello de bienestar animal. Este diario ha trasladado una consulta a la Consejería de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, dirigida por Javier Rincón (PP). Fuentes del Ejecutivo autonómico indican, ante este posible caso de maltrato animal, que los veterinarios de la administración sanitaria de la Oficina Comarcal Agraria (OCA) de Alcorisa realizarán en las próximas horas “una inspección biosanitaria en la finca”. El objetivo es, señalan, verificar “el estado de la explotación y el bienestar de todos los animales”. “Si se encuentra algún tipo de incumplimiento, el Departamento actuará con total transparencia y rotundidad por las vías legales establecidas en normativa en sanidad animal”, remarcan. Las mismas fuentes, sin embargo, afirman que el Departamento de Agricultura y Ganadería “no tenía constancia previa de este posible caso ni de ningún incumplimiento relacionado con cuestiones biosanitarias en dicha explotación”. Falta de transparencia El nuevo caso de la ‘granja de los horrores’ de Aragón, unido a los anteriores desvelados por este diario, revela una falta de transparencia en el modo de funcionamiento de los sellos de bienestar animal, como es el caso de Welfair. En esta nueva investigación, hay una contradicción entre lo que dice Costa Brava Mediterranean Foods y lo que asegura el propio sello. Por un lado, a través del buscador de Welfair se puede comprobar que Frigoríficos Costa Brava S.A. –que es el matadero del grupo Costa Brava Mediterranean Foods– consta como empresa certificada. Esta empresa recibió el 17 de octubre de 2025 –dos semanas antes de que se grabaran las primeras imágenes– 190 cerdos de la categoría de cebo procedente de esta explotación, según la documentación consultada por este diario. La certificación Welfair, explica el sello en su web, tiene como objetivo fundamental “mostrar que los animales de granjas y mataderos han sido cuidados bajo estrictos estándares de bienestar avalados científicamente”. Este caso, sin embargo, revela contradicciones entre ambas empresas, de modo que no es posible saber si existen irregularidades o control sobre toda la cadena de producción. En una investigación anterior, este diario desveló que AENOR había ofrecido a la 'granja de los horrores' de Mallorca pactar la fecha de la auditoría de “bienestar animal” que fue favorable. La instalación, certificada con el sello Welfair, había superado una inspección el 20 de mayo, que AENOR propuso que fuera acordada, según comprobó elDiario.es a través de correos internos. Las imágenes grabadas entre el 21 y 29 de abril, en cambio, mostraban suciedad extrema, cadáveres y maltrato animal. Posteriormente, AENOR suspendió el sello de bienestar animal de la ‘granja de los horrores’ de Mallorca , debido a las graves imágenes difundidas que mostraban la convivencia de aves vivas con cadáveres en avanzado estado de descomposición, ratas, suciedad extrema y otras irregularidades. Cerdos vivos conviven con cadáveres descompuestos De las imágenes se desprenden cerdos con abscesos de grasa y pus, heridas en las patas y hernias; cadáveres en avanzado estado de descomposición dentro de la granja; presencia de ratones; bebederos sucios y llenos de moscas; larvas en el suelo; así como violencia por parte de uno de los operarios hacia los animales. La revisión del material audiovisual evidencia la existencia de presuntas deficiencias graves en materia de bienestar animal y bioseguridad, según un informe de Laura Barreda, veterinaria de Castellón, consultado por este diario. Entre las presuntas irregularidades, en relación con las condiciones de alojamiento y cría, se describen suelos húmedos y cubiertos de excrementos. Los animales presentan, afirma Barreda, “problemas locomotores” como cojeras e imposibilidad de incorporarse, así como heridas, algunas “producidas por canibalismo”. Hay animales que “no están recibiendo los cuidados necesarios, ya que podemos observar cerdos agonizando o incapaces de moverse”. Asimismo, hay cerdos “muy sucios, con heridas abiertas, abscesos y hernias”. Barreda valora que, en el caso de las hernias, si no se tratan a tiempo “pueden alcanzar un gran tamaño”, pudiendo “llegar a atrapar órganos internos y poner en riesgo la vida del animal”. Estas heridas pueden generar lesiones en la piel y ser objeto de “canibalismo por parte de otros cerdos”. En cuanto a los abscesos, indican que los animales padecen alguna enfermedad y pueden “favorecer la entrada de patógenos e infecciones sistémicas”. Otro animal en mal estado en la granja turolense. Por otro lado, la veterinaria observa irregularidades en la gestión de animales enfermos y cadáveres: animales heridos “sin tratamiento ni sacrificio” y cadáveres acumulados “en avanzado estado de descomposición, con miasis, en contacto con animales aún vivos”. Barreda señala que “se desconoce si hay contenedores de cadáveres en las instalaciones o cómo se gestionan los residuos”. En relación con las imágenes del operario dando patadas a los cerdos, las califica de “maltrato intencionado” en el contexto de su traslado “de un recinto a otro”. En las imágenes se aprecian signos de “miedo, dolor y angustia”, con animales que se pisan, se empujan e incluso practican canibalismo, de forma espontánea o sobre heridas abiertas. Son comportamientos que, añade, no se producen “en instalaciones adecuadas ni en la naturaleza”. En cuanto a las condiciones de bioseguridad, la profesional considera “un riesgo” la presencia de otros animales en las instalaciones. Así, observa la entrada de un trabajador con un perro, además de la presencia de roedores en contacto con los animales y su comida. La presencia de gusanos es “consecuencia de la poca higiene”. Ambas situaciones “implican un riesgo de transmisión de enfermedades como la leptospirosis”, una zoonosis grave transmitida a humanos a través de la orina de animales infectados o de agua y suelo contaminados. Riesgo “grave” para la salud pública Barreda considera que las deficiencias observadas “no solo comprometen el bienestar animal, sino que también representan un riesgo grave para la salud pública”. La convivencia de cerdos vivos con cadáveres en descomposición, junto a la presencia de roedores y otros animales, favorece la proliferación de bacterias, virus y parásitos transmisibles al ser humano. Entre ellos, menciona la leptospirosis; la salmonela, que puede provocar fiebre, diarrea y, en casos graves, septicemia; y cepas patógenas de E. coli, asociadas a infecciones gastrointestinales. También alerta de la yersiniosis, vinculada al consumo de carne de cerdo poco cocinada, y de bacterias como Clostridioides difficile , asociadas a infecciones intestinales. Asimismo, advierte del riesgo de virus como la gripe porcina, con síntomas similares a la gripe estacional en humanos, y de la hepatitis E, que puede transmitirse por el consumo de carne de cerdo o jabalí mal cocinada. La veterinaria señala además la posible presencia de parásitos como la triquinosis, que se contrae al consumir carne cruda o poco cocinada; la tenia del cerdo; y la toxoplasmosis, especialmente peligrosa para mujeres embarazadas por el riesgo de malformaciones fetales. También menciona otros parásitos intestinales que pueden transmitirse por vía fecal-oral. Por todas estas razones, Barreda concluye que existen “condiciones insalubres” en la explotación, con suelos cubiertos de excrementos que generan “altas cargas microbianas” y pueden transmitirse a trabajadores y al entorno. Además, la mezcla de animales sanos con heridos o moribundos “favorece la propagación de patologías”. Posible vulneración de la normativa Tras el análisis de las imágenes, la veterinaria considera que podrían estarse incumpliendo varios puntos de la normativa europea relativa al bienestar animal en cría y alojamiento, que obliga a evitar sufrimiento innecesario y a garantizar la atención inmediata a animales enfermos o heridos. También apunta a posibles incumplimientos en la normativa sobre gestión de subproductos animales, que establece la recogida y eliminación higiénica de cadáveres y prohíbe su contacto con animales vivos, así como en la normativa sobre enfermedades transmisibles. En el ámbito medioambiental, Barreda destaca que la producción porcina puede tener un impacto significativo, especialmente por la generación de nitratos y emisiones de amoníaco. Subraya que la mejora de las condiciones higiénicas y de las instalaciones es clave para reducir el uso de antibióticos. Sin embargo, advierte de que las condiciones observadas podrían implicar un aumento de zoonosis y del uso de medicamentos, lo que incrementa el riesgo para la salud pública debido a las resistencias antimicrobianas. En conjunto, concluye que las imágenes reflejan “violaciones sistemáticas, reiteradas y graves” de la normativa de bienestar y sanidad animal. Los animales, afirma, “sufren dolor, miedo y agonía” por deficiencias en alojamiento e higiene, así como por prácticas de maltrato y una gestión inadecuada de cadáveres. Por ello, considera necesario investigar de forma “inmediata” las explotaciones implicadas y aplicar las sanciones correspondientes. Además, propone medidas urgentes como la mejora de las condiciones higiénicas, la supervisión veterinaria diaria, la eutanasia de animales no aptos, la retirada reglamentaria de cadáveres y la formación del personal en bienestar animal.