No hay mejor medicina para el Real Madrid que los cruces de la Champions. Cuando llega febrero, una dosis de Copa de Europa le recupera de cualquier mal. A estos octavos llegaban sin Xabi Alonso en el banquillo y con los de Arbeloa cuestionados tras la goleada ante el Benfica para medirse a un City confiado por su buen curso en la Premier. Pero ha quedado demostrado que los tiempos de rosas de Guardiola en Manchester han terminado. Este City es una botella carísima de vino que al abrirla ha resultado estar picada. Enfrente Arbeloa ha exprimido hasta la última gota de sudor reciclando la receta de Ancelotti al tiempo que actualizaba la vieja fórmula de los 'Zidanes y Pavones' con la resultante de 'Vinícius y Thiagos'.