Torrente presidente ha irrumpido en los cines con una fuerza poco habitual incluso para una saga acostumbrada a dominar la cartelera. La nueva película de Santiago Segura ha convertido su llegada en un fenómeno que ya obliga a mirar de cerca los registros oficiales de taquilla del ICAA del Ministerio de Cultura, donde se siguen las cifras del mercado español. Lo relevante no es solo el interés del público por el regreso del personaje. También pesa el contexto: las salas todavía no se mueven con la intensidad previa a la pandemia y, aun así, Torrente presidente ha abierto una distancia enorme frente al resto de títulos en cartel. La dimensión del arranque no se entiende solo por la nostalgia, sino por el tamaño real del golpe comercial.