Perdidos

Algo profundamente inquietante palpita en las informaciones que nos llegan desde el conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Datos sueltos, a menudo sesgados o fragmentados, que no terminan de conformar la imagen final que daría sentido al puzzle. Cuestiones que van mucho más allá de bombardeos, objetivos militares, estrategias de ataque, iniciativas diplomáticas o matanzas de inocentes. Y es la religión. Todos sabemos que allá donde se está produciendo este conflicto es tierra considerada sagrada por las tres grandes religiones monoteístas: musulmanes, judíos y cristianos.