Si buscamos una fecha negra en el historial del Real Mallorca, encontraríamos una marcada a fuego, la del 18 de marzo de 1984. Han pasado 42 años, pero los mallorquinistas más veteranos no han olvidado cómo esa tarde en el Lluís Sitjar se rozó la tragedia. Y solo se rozó porque pudo ser mucho peor cuando el murete que separaba la zona de espectadores en el fondo sur con el foso cedió tras el gol de Gerry Armstrong y se precipitaron al vació cerca de medio centenar de aficionados. Contusiones, golpes, sangre, conmociones, nervios y afortunadamente ninguna víctima. Pero las imágenes captadas por Tomás Monserrat, fotógrafo de Ultima Hora, ponen todavía la piel de gallina.