El testimonio de los miembros de su propia familia arrinconó a los hermanos asesinos de Francisca Cadenas

La fase final de la investigación de Francisca Cadenas en Hornachos comenzó con la toma de las declaraciones del entorno de los dos principales sospechosos. Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil querían poner aún más nerviosos a Julián y a Lolo y que sus conversaciones les proporcionara pistas sobre dónde podía estar el cuerpo de la vecina que mataron. Por las oficinas de los agentes pasaron otros dos hermanos de los investigados, sobrinas y una de las exparejas de Juli, según informan fuentes del caso a ABC. Los investigadores reunieron durante dos años evidencias de la participación de estos dos hombres en la desaparición de su vecina. Las grabaciones fueron claves para conocer qué pasó con Francisca Cadenas hace nueve años. Unos audios en los que se refleja el miedo que los hermanos sentían al ver desde su casa todos los movimientos que hacía la UCO en torno a sus personas. Con una estrategia planificada al milímetro, los agentes afrontaron la recta final de la investigación el 2 de marzo. Esa fue la fecha elegida para hacer nuevas comprobaciones en la zona de la desaparición. Para ello, se realizó una nueva reconstrucción con el matrimonio de la niña que estaba cuidando (Adelaida y Antonio), con el temporero que la vio (Carlos) y con el hijo de la víctima (José Antonio). Esta pareja ha sufrido una larga agonía y tuvo que marcharse del pueblo. Algunos les señalaron porque fueron los últimos que vieron con vida a Francisca. El objetivo no era otro que agitar el nerviosismo de los dos sospechosos y que confesaran algún detalle sobre dónde escondieron el cuerpo de la víctima. El 3 de marzo se citó a declarar a uno de los hermanos de los sospechosos (José María) y a la exnovia de Lolo (Ángela). La vorágine de la toma de testimonios no cesó y el 4 de marzo se convocó a otro de los hermanos de los sospechosos (Valentín), junto a su mujer (Francisca) y dos sobrinas. Precisamente, Julián y Lolo pasaron ese día a ser considerados investigados en la causa. Se procedió a la lectura de sus derechos y la retirada de sus dispositivos móviles. Este requerimiento duró únicamente un día ya que el 5 de marzo se les emplazó a que fueran a recoger sus teléfonos. Ese día los micrófonos instalados en su casa captaron cómo se deshacían de estas evidencias. Julián : Yo tengo que tirar los teléfonos que tengo ahí. Manuel : ¿Por qué? J : Porque tengo, tenía, los he roto. M : ¿Tu no saliste más que esa vez que estuviste ahí, no? J . Yo estaba aquí con 'tito'. Fue cuando lo acosté. Estaban las luces encendidas y la puerta medio abierta. M : No, Juli. No digas esas cosas que no está la cosa muy bien. J : No, la puerta estaba medio abierta y llegó su hijo. M : No digas que estaba la puerta abierta. El miedo comenzó a hacer mella en estos dos hermanos. El 6 de marzo ya comenzaron a sospechar que iban a ser detenidos o que la UCO iba a actuar pronto. J : Lo que me da, es lo que me jode, me llevan en cualquier momento. M : Bueno, bueno, tendrán que averiguar primero, Juli, déjate de tonterías. M : Tú no te comas el coco, Juli, es lo que quiere esa gente, que te comas la cabeza dando vueltas, que no han hecho su puto trabajo. A pesar de todo, no fue hasta el 7 de marzo cuando Julián sacó de su casa dos bolsas de basura con los dos teléfonos rotos y despiezados. Un día después fue citado a declarar por la Guardia Civil. El hermano pequeño acudió para presar su testimonio ante la UCO el 9 de marzo en una intensa jornada que se prolongó desde las 17 a las 22:30 horas. Sin embargo, al día siguiente ya se acogieron a su derecho a no declarar. La entrada de los agentes en su casa se produjo a las nueve de la mañana pero hasta las 16:40 horas no comenzó el registro. A las 18:10 horas fueron detenidos tras localizar el cadáver de Francisca Cadenas. Los componentes de la UCO recogieron de la vivienda unos dientes, unas bragas y unos mechones de pelo. El trabajo del Laboratorio confirmará si pertenecen a la víctima por la que Julián sentía una «obsesión».