China en modo 2035

Con todas las miradas puestas en la guerra contra Irán y sus consecuencias, han pasado prácticamente inadvertidas las sesiones macroparlamentarias chinas de este año. Naturalmente, también sobre ellas ha planeado la tensión en Oriente Medio pero, una vez más, se cumple en cierta medida aquella sentencia dictada por el ex ministro de Asuntos Exteriores de Singapur, George Yeo : “China siempre ha sido un universo en sí misma, y a veces casi se tiene la sensación de que puede seguir adelante incluso si el resto del mundo desapareciera ”. No quiere esto decir que sea indiferente o hasta inmune, pero mientras la agenda de su principal competidor estratégico apunta a poner el mundo patas arriba, al parecer condición sine qua non para recuperar el aliento imperial perdido , los dirigentes chinos se afanan en hacer sus deberes internamente. Durante años, el interés exterior en el singular debate parlamentario chino se resumía en dos cifras de crecimiento: economía y defensa. En esta ocasión, los dos a la baja. Pero esta forma de ver las cosas ha pasado a mejor vida, en paralelo a la liquidación del viejo modelo de desarrollo. Para este año se decidió fijar un objetivo de crecimiento del PIB real de entre el 4,5% y el 5,0% . Es la primera vez desde 1991 que la cifra objetivo baja del 5%, como han apuntado muchos observadores. El contexto de este dato es más importante que la cifra misma. Desde 2020, el objetivo fijado es que China se convierta en una economía de nivel medio para 2035 , el primer gran escalón de la hoja de ruta definida por Xi Jinping con el horizonte de 2049, centenario de la fundación de la República Popular China . Según la definición del Banco Mundial , esto supondría que para entonces la renta per cápita china debe situarse en los 20.000 dólares. Y eso significaría, en la práctica, duplicar el valor del PIB per cápita en 15 años. Es evidente que está en camino de lograrlo, ya que la renta per cápita de China “solo” tendría que crecer a una tasa media anual de alrededor del 4,17% a partir de ahora. Suponiendo que China tenga una tasa media de crecimiento anual del PIB real per cápita de alrededor del 4,5% a partir de ahora, superará la premisa del Banco Mundial en 2034 . Y aun así, el PIB per cápita de China seguiría representando solo el 27% del de Estados Unidos (suponiendo que el PIB per cápita de Estados Unidos crezca a una tasa media del 1,5% a partir de ahora). La insistencia en los ingresos de la población es un hábito relativamente nuevo. Durante gran parte del denguismo , hasta el tramo final del mandato de Hu Jintao y su invocación de la armonía, las cifras de crecimiento de la economía y de los ingresos discurrían por vías distintas. Es a consecuencia de ello que China muestra un alto nivel de desigualdad de ingresos según los estándares internacionales, aunque sigue siendo inferior al de muchas otras economías emergentes. Según las últimas estimaciones, el 1% de los más ricos de China posee el 31% de toda la riqueza personal , frente al 58% en Rusia, el 50% en Brasil, el 41% en la India (y el 35% en Estados Unidos). Los millonarios y multimillonarios que hay en China siguen siendo relativamente escasos: aproximadamente uno por cada 200 adultos, es decir, el 0,5% frente al 3% de los adultos en  España o más del 8% en Estados Unidos. China todavía tiene un largo camino por recorrer. Al final del nuevo plan quinquenal aprobado, el nivel de vida de los hogares medios habrá mejorado significativamente , pero los niveles de renta per cápita y productividad de China seguirán estando muy por debajo de los de las economías del G7. La economía china no puede permitirse el lujo de ralentizarse o estancarse. La fórmula elegida para evitarlo apunta a una amplia transformación del modelo de crecimiento, destacando la importancia de las inversiones tecnológicas , no ya los productos manufacturados de bajo valor o las inversiones improductivas. Es verdad que sobre ella pesan las amenazas de la deuda, el colapso del mercado inmobiliario y el descenso del crecimiento de la productividad , pero no debiéramos infravalorar las capacidades endógenas. En el último plan, de los aproximadamente 20 indicadores que incluye, el énfasis se ha desplazado hacia la mejora del nivel de vida, aspecto sustancial para incrementar la significación de la demanda interna, y menos hacia el desarrollo económico en términos clásicos. Pero también en esto, con la ingente transformación de su industria , el poder de la innovación, la insistencia en la apertura al exterior y el acento en el desarrollo ecológico con el ambicioso objetivo de reducir la intensidad de carbono en un 65% para 2030 , nos aguardan lecciones. Por eso que la idea de centrarse en los asuntos internos y en la calidad del crecimiento es coherente con la naturaleza de los principales desafíos que connotan su transición. Mientras, el mundo mira hacia otro lado. _________________________ Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.