Es muy poco habitual que, de entre las comedidas aguas por las que navegan societariamente las armadoras vascas, aflore ruido. Pero existe, y el ruido se percibe en estéreo. De un lado, el que emana de las entrañas de Pesquería Vasco Montañesa (Pevasa), cuya presidencia ha encomendado a CaixaBank la búsqueda de comprador y un inversor externo ha adquirido las posiciones de deuda de, al menos, cuatro entidades del pool bancario (compuesto por la propia CaixaBank, BBVA, Banco Santander, Bankinter, Caja Rural de Navarra y Abanca). De otro, el afilado conflicto entre accionistas de Compañía Internacional de Pesca y Derivados (Inpesca), que ya está judicializado pero que amenaza con estarlo a un nivel superlativo.