Se prohíbe el acceso al burka y al niqab a dependencias municipales Moción del PP y Vox Una vez en un aula abarrotada de niños y niñas entró una nueva maestra en sustitución de la anterior. Cuando los niños llegaron a casa, sus padres le inquirieron por cómo había ido la jornada. Todo había transcurrido con normalidad. La maestra era simpática, explicaba razonablemente bien y portaba un pañuelo sobre la cabeza. ¿Cómo que llevaba un pañuelo en la cabeza?, le interrogaron los padres. Alarmados por la presencia de una maestra velada en el colegio de sus hijos, los progenitores se comunicaron a través del wasap incrédulos ante una incidencia de esa naturaleza. No podemos permitir que una musulmana eduque a nuestros hijos y los adoctrine con ideas inapropiadas, coincidieron todos ellos. Fue entonces cuando tomaron la decisión de acudir al centro para hablar con el director y mostrarles su total rechazo a la nueva maestra. Los padres se adentraron en el colegio y se dirigieron a su despacho para exigir explicaciones. El director los recibió y, en efecto, reconoció que la nueva maestra portaba un pañuelo en la cabeza: era monja. La historia figura en el primer capítulo del espléndido libro firmado por Antonio Manuel bajo el título de La huella morisca . Con una sencillez arrolladora desvela cómo los prejuicios pueden nublar la mente y un simple trapo tapando el cabello puede ser interpretado como un signo respetable o una amenaza inquietante dependiendo de los ojos con que se mire. Los concejales del Ayuntamiento de Córdoba no han prohibido el hiyab islámico en suelo municipal porque podía ocurrirles exactamente lo mismo que a los padres de la historia que encabeza esta página. El velo que cubre el cabello de una musulmana es la misma prenda que oculta el de una monja y si los ediles hubieran apuntado contra el hiyab habrían disparado también contra la trinchera amiga. Por eso escogieron el burka y el niqab . El velo femenino ha sido un signo de recato y sometimiento en casi todas las culturas del planeta. En el islam, por supuesto, pero también en el cristianismo, en el judaísmo, en el hinduismo y en las religiones de la antigua Mesopotamia. Muchas de nuestras abuelas usaban el velo con frecuencia por las mismas razones con que hoy innumerables musulmanas lo visten cada día. Pero eran nuestras abuelas. El burka y el niqab dan un paso más en dirección al enclaustramiento, la despersonalización y la subordinación de la mujer. Es una prenda que ofende la dignidad humana. De eso no tenemos la menor duda. En un país libre, sería inadmisible que una mujer vistiera el burka por imposición. Pero, ¿si es por propia voluntad? Los concejales prohibicionistas se parapetan detrás de razones de seguridad para redactar una moción con un evidente aroma discriminatorio. La proposición municipal encaja como anillo al dedo en la ola islamófoba que recorre el planeta. Eso sí: disfrazada convenientemente de feminista. Porque vamos a ver: ¿cuántos burkas ha visto usted en los últimos cincuenta años? ¿Y cuántos han intentado entrar en dependencias municipales? Pues eso.