Vox crece electoralmente con la sucesión de comicios autonómicos y lucha porque su techo no se estanque en el ansiado 20%. Las luchas internas, con purgas de grandes personalidades, no ayudan a la formación de extrema derecha que, superado Extremadura, Aragón y Castilla y León, se prepara para Andalucía, pero con un ojo puesto en una de la grandes plazas nacionales: Madrid. La gran crisis generada por el ajusticiamiento de Javier Ortega Smith ha revolucionado la plaza y la ultraderecha pretende huir hacia delante. El nacionalpopulismo de Isabel Díaz Ayuso, entre cañitas y ataques a Pedro Sánchez, ha conseguido bloquear Vox en la Comunidad de Madrid, extendiendo a su efecto al Ayuntamiento de la capital controlado por José Luis Martínez-Almeida. La ultraderecha no ha conseguido penetrar en la región de la misma manera que en otros territorios y desde la dirección se considera que, parte de la culpa, es la escasa dureza y nula oposición presentada contra la baronesa del Partido Popular (PP) y el error de elección de un discurso neoliberal ya asumido por la mandataria. La sustitución de Rocío Monasterio, expulsada de la presidencia del partido en la autonomía, al frente de la portavocía en la Asamblea de Madrid fue una pista del rumbo que tomaría Vox en la Comunidad. Isabel Pérez Moñino, coordinadora hasta finales de 2024 de la zona sur, representa un papel más duro contra Ayuso, contra la que carga en cada sesión de control, en la mayoría de las ocasiones a razón de la inmigración, el abandono de los barrios en favor de las zonas más ricas y la decadencia de los servicios públicos madrileños. Pérez Moñino se presupone como candidata a las elecciones autonómicas y no es necesario hilar muy fino para descifrar quién la acompañará encabezando la lista en el Ayuntamiento. El proceder sustitutivo ha sido el mismo, pero siendo el sacrificado Ortega Smith en vez de Monasterio. El que fuera uno de los fundadores de Vox perdió la portavocía adjunta del Grupo Parlamentario en el Congreso de los Diputados en favor de Carlos Hernández Quero, quien ya sustituyó a Juan García-Gallardo en el Comité Ejecutivo Nacional. La habitual acumulación de poder en Vox podría ser suficiente para indicar que H. Quero será el elegido, pero existen otros condicionantes. Su estética obrerista y discurso falangista gustan mucho al búnker de la formación, especialmente a Jorge Buxadé, desde donde consideran que la única opción de robarle apoyo a Ayuso, y en este caso a Almeida, es la alusión a las miserias que sufren diariamente las clases trabajadoras de los barrios, huyendo del neoliberalismo de la corriente de Espinosa de los Monteros y asumiendo un falangismo primigenio. Un patriotismo obrerista al más puro estilo joseantoniano y que H. Quero hace inseparable del odio al migrante, especialmente a aquellos adinerados a los que Ayuso ha abierto las puertas de Madrid para que traigan sus fortunas. Si bien detrás del discurso populista se esconde una racismo generalizado que responsabiliza a los migrantes más pobres de la...