No hizo falta ningún escándalo añadido para que aquella escena quedara marcada en la memoria de miles de fans. Bastó una canción lenta, una fan subida al escenario y un gesto inesperado delante de todo el estadio. El momento en que Michael Jackson besó a una joven durante un concierto en Buenos Aires sigue circulando décadas después porque condensó en unos segundos muchas de las cosas que hacían de sus shows un fenómeno casi hipnótico: emoción, teatralidad, cercanía medida al milímetro y una capacidad única para convertir una actuación en una imagen imborrable.