Dos de cada tres empleados en España admiten recurrir a la alimentación emocional durante su horario laboral, es decir, comer por ansiedad. Este hábito, provocado por el estrés laboral, tiene un impacto directo en la energía y la capacidad de concentración de los trabajadores, explica el redactor de COPE, Íñigo Jodra. En entornos de alta exigencia, presión y con pausas de escasa calidad, muchos profesionales optan por alimentos ricos en azúcar y grasas para gestionar la tensión. Lejos de ser un capricho, se trata de una respuesta lógica del organismo. La doctora Daniela Silva explica que "nuestro cerebro busca una respuesta rápida que nos genere mucha satisfacción, y los alimentos, que son ricos en calorías, van a ser muy buenos, generan mucha sensación de bienestar". Estas situaciones no solo repercuten en el desempeño individual, sino también en la dinámica colectiva de los equipos. Amira Bueno, directora de recursos humanos, destaca dos medidas clave que las empresas pueden implementar. Por un lado, "facilitar esa flexibilidad para las comidas". Por otro, "reforzar la información y la educación alimentaria", ya que, según Bueno, esto "ayuda a que los equipos entiendan mejor cómo organizar su alimentación". Fomentar una alimentación saludable y equilibrada en el entorno laboral puede traer beneficios significativos para las compañías, como un mayor compromiso, energía y rendimiento, así como un menor absentismo, desgaste y estrés entre la plantilla. Este recurso a la comida como refugio se produce en un contexto económico complejo. Según el informe ‘La despensa a presión’ de EAE Business School, hacer la compra en España cuesta hoy un 40% más que en 2021, un aumento que duplica la subida del coste de vida general (20%). Esta pérdida de poder adquisitivo se agrava en regiones como Extremadura, Andalucía y Canarias, con tasas de riesgo de pobreza superiores al 30%. El informe destaca que se ha producido un "efecto escalón", lo que significa que los altos niveles de precios de 2023-2024 no se revertirán. Samer Ajour El Zein, autor del estudio, explica que la tensión geopolítica es un factor clave. "La guerra en Oriente Medio impulsa la inflación global al encarecer el petróleo y el gas, con riesgo de disrupciones en el estrecho de Ormuz", lo que impacta en los costes de transporte y energía. Este encarecimiento ha provocado una grave "fractura nutricional" en la sociedad española. El consumo de proteína de alta calidad, como el pescado fresco y la ternera, ha caído cerca de un 12%, mientras que se ha disparado la compra de carbohidratos baratos y procesados en un 8%. En este escenario, la conclusión del informe es clara: "la recuperación del poder adquisitivo de los hogares dependerá exclusivamente de que los salarios crezcan por encima de este nuevo estándar de precios consolidado".