Lo que durante años parecía enquistado en una parte del aula empieza a moverse en la dirección contraria. Un proyecto piloto puesto en marcha en un colegio de Málaga ha conseguido reducir con claridad el absentismo escolar, mejorar la vinculación del alumnado con el centro y meter a las familias de lleno en una batalla que va mucho más allá de contar faltas. Este fenómeno empieza, por tanto, a encontrar respuestas que funcionan sobre el terreno. El proyecto Drom, impulsado por el Ayuntamiento de Málaga, la asociación Dosta y la Fundación de la Universidad Europea, ha cerrado su primer año de aplicación en el CEIP Severo Ochoa, en el distrito de Bailén-Miraflores, con un balance que invita a mirar el problema desde otra perspectiva: más acompañamiento, más trabajo directo con las familias y más conexión emocional del alumnado con la escuela. Los datos son elocuentes: el 82% del alumnado beneficiario logró reducir sus faltas de asistencia en un 50% o más, mientras que un 17,8% dejó de ser oficialmente absentista, es decir, rebajó su situación por debajo del umbral de cinco o más ausencias al mes.