Monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, ha abordado uno de los asuntos que más preocupa a los españoles: la inmigración. En una entrevista en 'Herrera en Cope Huelva', ha explicado su reciente carta pastoral, donde busca aportar equilibrio a un debate social polarizado y, a menudo, "desequilibrado". El obispo reconoce el malestar social existente, el derecho de los estados a controlar sus fronteras y la existencia de un límite real en la capacidad de acogida. Gómez Sierra ha querido subrayar que su análisis se realiza "desde un plano de vista estrictamente moral", que es donde considera que un obispo debe hablar, sin entrar en "el debate de los partidos". Ha lamentado que el tema esté "muy polarizado" y que rápidamente surjan descalificaciones de "xenofobia" o "racismo". Incluso entre los católicos, ha señalado, "parece que plantear cualquier reflexión sobre la capacidad de integración que la sociedad tiene (...) fuese antievangélico". El obispo ha basado su argumentación en el catecismo de la iglesia católica, que para él expresa "la identidad de un cristiano". Ha explicado que el texto establece un deber para las naciones más prósperas de "acoger en cuanto sea posible al extranjero". Sin embargo, ha matizado que el propio catecismo permite a las autoridades civiles "subordinar ese derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas", atendiendo siempre al bien común de la sociedad que tienen a su cargo. Este bien común, ha continuado, incluye tanto a los ciudadanos nativos como a los inmigrantes ya asentados. En este sentido, ha recordado los deberes de los emigrantes respecto a su país de adopción: "El inmigrante también tiene la obligación de respetar el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, obedecer sus leyes y contribuir con sus cargas". Para monseñor Gómez Sierra, el foco del debate no debería ser si es "inmoral controlar el número de migrantes que llegan", sino cuál es la "capacidad real de acogida que una sociedad tiene". Ha insistido en que "ese debía ser el tema del debate público", un debate en el que puede haber un pluralismo de opiniones sobre si esa capacidad es mayor o más restringida. El criterio, según él, debe ser la "salvaguarda de ese bien común" y el respeto a la dignidad de cada persona. Preguntado por Manuel de Burgos sobre qué hace falta para que la "convivencia sea real", el obispo ha señalado la importancia de "respetar unos valores comunes y la cultura". Ha relatado que en la provincia de Huelva, con unos 70.000 inmigrantes, en muchos pueblos no hay conflicto, pero sí una "coexistencia pacífica" en lugar de una integración real. "Hay una plaza donde se reúnen unos y otra calle donde se reúnen otros", ha descrito. Finalmente, el obispo ha ofrecido un mensaje para la convivencia: "Para un cristiano, lo primero es la dignidad inalienable de cada persona". Ha concluido que, junto a este principio, "el respeto a la identidad cultural de nuestro propio patrimonio y de la cultura del que llega es garantía de poder trabajar por una sociedad integrada, justa y solidaria".