Cada 60 minutos, el Sol baña la Tierra con suficiente energía para cubrir el consumo mundial de todo un año. El dato, recordado por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) , es apabullante. Pero hay un problema: aprovechar toda esa energía en nuestras ciudades choca contra un muro literal. Los clásicos tejados solares se nos quedan pequeños en urbes cada vez más densas, y colgar paneles rígidos y pesados por las fachadas de los edificios no es una opción realista. Para esquivar este bloqueo estético y de espacio, los laboratorios han dado con una salida pionera: usar nuevos materiales bidimensionales. Se trata de unas capas microscópicas que permitirán convertir los cristales de cualquier rascacielos en placas solares totalmente invisibles. Con sello español. El grupo de investigación Silicio y Nuevos Conceptos para Células Solares (SyNC) del Instituto de Energía Solar (IES) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha logrado fabricar micro-prototipos de células solares ultrafinas y altamente eficientes. El secreto de esta tecnología radica en los llamados materiales fotovoltaicos bidimensionales. Imagina una lámina tan fina que apenas tiene unos pocos átomos de grosor; a efectos prácticos, es tan delgada que la física considera que carece de una tercera dimensión. La ciencia conoce a esta familia de compuestos con un nombre complejo, los dicalcogenuros de metales de transición (TMDC), entre los que destacan el disulfuro de molibdeno (MoS2) y el diseleniuro de tungsteno (WSe2). Su gran rareza —y su mayor virtud— es que, pese a ser una capa casi invisible, tienen una capacidad extraordinaria para absorber la luz del sol. En Xataka Los paneles solares tienen un momento invisible y brevísimo en el que no funcionan. Y solucionarlo es clave para su futuro El alcance real. Para entender esta tecnología, los investigadores publicaron un estudio en la revista científica Nano Energy . En él, simularon qué pasaría si se recubriera la fachada de un rascacielos real, la Torre Picasso de Madrid, con ventanas semitransparentes fabricadas con estos materiales. Los resultados estiman que se podría cubrir entre el 16% y el 23% del consumo eléctrico diario del edificio. Si esta tecnología se combina además con zonas de módulos opacos, la generación podría superar el 30% de las necesidades energéticas del rascacielos. Luz natural, colores reales y ahorro en la factura Históricamente, el gran "pero" de las ventanas solares ha sido la pésima calidad visual. Tecnologías alternativas, como las células orgánicas o de perovskita, suelen actuar como un filtro que tiñe la luz que entra a la habitación de tonos rojizos, amarillos o marrones poco naturales. Según explican los investigadores de la UPM , la estructura de los materiales TMDC resuelve este problema de raíz: permiten una absorción muy equilibrada de la luz visible, lo que elimina el problema del indeseado "coloreado" de la luz. El resultado es una iluminación con un tono natural y cálido, logrando un Índice de Reproducción Cromática (CRI) superior a 90, una métrica de altísima calidad para espacios de trabajo. Además de generar electricidad, en lugares muy soleados como España, estos cristales bloquean de forma natural los deslumbramientos excesivos. Esto significa que el rascacielos no solo produce su propia energía, sino que ahorra muchísimo dinero al no tener que encender tanto el aire acondicionado. Del laboratorio microscópico a la fábrica . Crear estas células solares ultrafinas es un trabajo de altísima precisión. Para fabricar los prototipos en el laboratorio, el equipo de la UPM ha utilizado una técnica llamada hot-pick-up . Mediante este método, utilizan una pequeña burbuja transparente para seleccionar, recoger y depositar fragmentos de los materiales, creando apilamientos a medida que combinan las mejores propiedades de cada uno. Pero el objetivo no es quedarse en el laboratorio. Los investigadores del IES-UPM ya están trabajando con nuevas técnicas para escalar este proceso y cubrir grandes áreas, como ventanales enteros. Según explican los propios científicos , "mediante técnicas de pulverización y deposición de estas disoluciones, se podrían escalar los procesos de fabricación, reduciendo costes y permitiendo la industrialización de esta disruptiva tecnología". El as en la manga: atrapar el calor perdido. El potencial de estos materiales bidimensionales va mucho más allá de las ventanas solares. Otra investigación del mismo equipo, publicada en la revista científica ACS Applied Energy Materials , demuestra que al modificar el disulfuro de molibdeno (MoS2) con un elemento llamado niobio, el material adquiere unas impresionantes propiedades termoeléctricas. De forma más sencilla, esto significa que en un futuro, estos materiales no solo podrían captar la luz del Sol, sino que también podrían tener aplicaciones en sensores térmicos o en la recuperación de energía a partir del calor que desperdician las máquinas o los propios edificios. La nueva piel de la ciudad . La ligereza, la flexibilidad y el bajo coste de fabricación de estas células solares las convierte en una de las opciones más prometedoras para lograr las ansiadas "ciudades verdes". La tecnología fotovoltaica bidimensional nos demuestra que la transición ecológica en entornos urbanos densos ya no depende solo de encontrar espacio en los tejados para colocar grandes placas rígidas. El verdadero cambio de paradigma consiste en transformar la propia "piel" de los edificios —sus cristales, sus muros, sus fachadas— en fuentes activas de energía limpia, logrando que cualquier superficie pueda ser una aliada contra el cambio climático. Imagen | Photo by Arthur Mazi on Unsplash Xataka | Las placas solares de plástico siempre habían tenido más de sueño que realidad: China acaba de cambiar eso - La noticia Los rascacielos están llenos de cristales, así que unos investigadores españoles han tenido una idea: que sirvan de "paneles solares" fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .