La compositora surcoreana Unsuk Chin, premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, en su XVIII edición, ha sido concedido a la compositora surcoreana Unsuk Chin. Este galardón reconoce su extraordinaria contribución al desarrollo de una «voz propia» en la música contemporánea. Su obra, destacada por un «virtuosismo instrumental» y una «imaginación desbordante», ha tenido un impacto global, siendo capaz de representar «universos simbólicos de gran fuerza expresiva». Según el jurado, la técnica de Chin crea «paisajes en constante transformación», donde el color y la textura son esenciales, contribuyendo a una estética inconfundible en la música actual. Además, su música se inspira en conceptos filosóficos y científicos, y se nutre de la literatura surrealista y las artes visuales. Se destacan especialmente sus conciertos para instrumentos solistas y sus óperas, donde amplía el uso de la voz con técnicas extendidas, escritura fragmentada y contrastes súbitos entre el lirismo y el texto hablado. Esto da como resultado una música vocal «altamente expresiva y plástica» que permite una «caleidoscópica construcción de atmósferas». Según el jurado, la obra de Chin se caracteriza por su refinamiento sonoro y su habilidad para transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis, consolidándola como una de las grandes innovadoras en el ámbito de la música contemporánea. Gabriela Ortiz, compositora y catedrática de Composición en la Universidad Nacional Autónoma de México y presidenta del jurado, subraya la impecabilidad técnica de Chin, su gran oficio y su singular imaginación sonora. Por su parte, Víctor García de Gomar, director artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, la califica como una «referencia absoluta» en la música contemporánea , resaltando su tímbrica única y sus orquestaciones ricas y suntuosas. Santiago Serrate, director de orquesta, destacó el apoyo de algunos de los mejores directores de orquesta del mundo, como Sir Simon Rattle y Kent Nagano, quienes han respaldado la obra de Chin a lo largo de su carrera. Nagano, en particular, le encargó la composición de dos óperas y ha dirigido varias de sus obras. El camino de Unsuk Chin comenzó cuando su padre, un sacerdote presbiteriano, compró un piano para la iglesia en Seúl cuando Chin tenía apenas dos años y medio. La joven Chin se fascinó por la vibración del sonido de las teclas y, aunque su familia no tenía los medios para costear clases de piano, aprendió a tocar de manera autodidacta. A los 12 años, su profesor de música le sugirió que se inclinara por la composición, lo que llevó a Chin a ingresar en la Universidad Nacional de Seúl , donde se encontró con la difícil realidad de vivir en un país bajo dictadura militar. Sin embargo, en medio de esas dificultades políticas, descubrió la música contemporánea europea a través de su maestro, el compositor Sukhi Kang. Esta experiencia fue clave para que Chin decidiera seguir su carrera como compositora en Europa. En 1985, Chin obtuvo una beca de intercambio del Gobierno alemán y decidió enviar una carta al compositor húngaro György Ligeti, quien en ese momento residía en Hamburgo. Ligeti aceptó a Chin como discípula, lo que marcó el comienzo de una etapa decisiva en su formación. Durante tres años, trabajó con Ligeti en la Hochschule für Musik und Theater, en un ambiente riguroso y exigente. A pesar de la severidad del maestro, Chin considera que fue el mejor profesor que tuvo, aprendiendo de él el nivel de autoexigencia y rigor crítico que la llevó a desarrollar su identidad como compositora. La relación con Ligeti no fue fácil, ya que el compositor, como sobreviviente del Holocausto, tenía una visión muy personal de la música y exigía lo mismo de sus alumnos. Además, la experiencia de Chin en Alemania, un país dividido entre el Este y el Oeste, fue un choque cultural que se sumó a las dificultades de una compositora joven y extranjera, que no encontraba fácil que se interpretaran sus obras en Hamburgo, mientras que en otras ciudades europeas y en América sus composiciones ya estaban siendo bien recibidas. Desde sus primeras obras, como 'Troerinnen' (1986), basada en la obra de Eurípides, Chin fue desarrollando su estilo propio, una música moderna pero lírica y expresiva. Sin embargo, fue con 'Akrostichon-Wortspiel' (1991-93), una pieza para soprano solista y ensemble, cuando su carrera internacional despegó. En esta obra, Chin se inspiró en el surrealismo, utilizando textos que deconstruyó y transformó en un lenguaje artificial, lo que marcó un punto de inflexión en su carrera. Esta obra fue muy bien recibida y ha sido interpretada en más de 20 países. Según el jurado, la música de Chin está llena de referencias a lo fantástico, y la propia compositora reconoce que una gran fuente de inspiración han sido sus sueños. Desde pequeña, Chin soñaba con «universos estrellados» y fenómenos naturales, algo que ella considera fundamental en su proceso creativo. Este mundo onírico se refleja en piezas como Xi (1998), que explora la idea de la unidad mínima y su transformación a lo largo de la pieza. Además, la ciencia ha jugado un papel importante en su música, especialmente la física y la astronomía. Por ejemplo, en su 'Double Concerto' (2002), Chin intentó plasmar la idea de la gravedad en la música. Otro de los grandes referentes de la compositora fue la correspondencia entre el físico Wolfgang Pauli y el psiquiatra Carl Gustav Jung, cuya relación inspiró su última ópera Die dunkle Seite des Mondes («El lado oscuro de la luna», 2025). La primera ópera de Unsuk Chin, 'Alice in Wonderland' (2007), es un claro ejemplo de sus obsesiones creativas. Basada en el famoso libro de Lewis Carroll, la obra refleja su fascinación por los sueños, la filosofía y la ciencia. En ella, Chin utiliza la voz de una manera innovadora, empleando técnicas extendidas y jugando con contrastes entre el lirismo y el texto hablado. La obra fue estrenada en la Ópera de Munich bajo la dirección de Kent Nagano, y Chin considera que su experiencia de trabajo en la ópera fue única debido a la intensidad de los ensayos y la complejidad de la pieza. Aunque sus piezas vocales son tradicionales en algunos aspectos, Chin destaca su uso limitado de efectos especiales, lo que las hace distintivas en el contexto de la ópera contemporánea. La compositora admite que su proceso creativo al componer es casi un trance, un estado de concentración que comienza con la primera nota y termina con la última. Es conocida por exigir mucho a sus intérpretes, llevando sus capacidades al límite, y reconoce que esta autoexigencia viene de los aprendizajes adquiridos con Ligeti, quien también era muy duro consigo mismo y con sus alumnos. Unsuk Chin nunca ha querido ser encasillada como «la compositora surcoreana». Desde que se trasladó a Europa, su objetivo ha sido encontrar un estilo puramente musical que trascendiera su lugar de nacimiento y su época. Aunque al principio le costó abrirse paso en el panorama musical alemán, hoy en día es una figura reconocida y consolidada en la música contemporánea, con una voz singular que ha conquistado a intérpretes y directores de renombre mundial. La presidenta del jurado de esta categoría ha sido Gabriela Ortiz Torres, compositora y catedrática de Composición en la Universidad Nacional Autónoma de México, y su secretario, Víctor García de Gomar, director artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Los vocales del jurado han sido Mauro Bucarelli, coordinador artístico en la Academia Nacional de Santa Cecilia (Italia); Silvia Colasanti, compositora (Italia); Raquel García-Tomás, compositora (España); Pedro Halffter Caro, director de orquesta, compositor (España); Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real (España); Fabián Panisello, director artístico de PluralEnsemble y catedrático de Composición de la Escuela Superior de Música Reina Sofía (España); y Santiago Serrate, director de orquesta y profesor de concertación y técnicas de dirección en la Escuela Superior de Música Reina Sofía (España). El Comité Técnico de Apoyo del CSIC ha estado coordinado por Elena Cartea, vicepresidenta adjunta de Áreas Científico-Técnicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y por Luis Calvo Calvo, delegado del CSIC en Cataluña y director de la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF, CSIC); e integrado por David Irving, doctor ICREA en la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades; Luis Antonio González Marín, científico titular en la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades; Mariano Gómez Aranda, investigador científico en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC-CCHS, CSIC); y Laura Touriñán Morandeira, doctora contratada en el Instituto de Historia (IH-CCHS, CSIC).