Un antiguo molino se transforma en un jardín que combina patrimonio histórico, sistemas hidráulicos y un recorrido japonés único dentro del espacio botánico La ruta circular de Málaga con 15 espectaculares fuentes, cascadas y saltos de agua sin salir del casco urbano Torremolinos, en la Costa del Sol, alberga un espacio que combina historia, vegetación y sistemas hidráulicos. El Jardín Botánico Molino de Inca se sitúa sobre el terreno donde durante siglos funcionó uno de los molinos harineros más antiguos de la localidad, que da nombre al municipio. Los manantiales de la zona, como los de La Cueva, el Albercón del Rey y el propio Molino de Inca, proporcionaron el agua necesaria para la molienda, convirtiendo estos puntos en centros económicos esenciales. La historia del municipio está estrechamente vinculada a estos molinos, cuyo funcionamiento condicionó la organización del territorio y la agricultura de Torremolinos durante siglos. El jardín ocupa alrededor de 40.000 metros cuadrados y combina áreas verdes, senderos, canales de agua y fuentes. Su rehabilitación en 2003 permitió recuperar tanto los elementos históricos como la vegetación, que actualmente incluye casi un millar de especies. Entre ellas se encuentran 150 tipos de palmeras, 300 árboles y más de 400 arbustos, distribuidos de manera que recrean distintos microclimas y zonas de sombra, facilitando el recorrido en los meses más cálidos. La topografía del terreno contribuye a crear recorridos variados, con laderas, pendientes suaves y zonas planas que permiten al visitante descubrir el jardín a diferentes niveles y perspectivas. El complejo también integra construcciones históricas y réplicas que permiten comprender el pasado hidráulico de la localidad. La réplica del Molino de Inca funciona mediante un sistema que aprovecha la fuerza del agua, mostrando cómo operaban los molinos en el siglo XVII y su papel en la economía agrícola. Estos elementos históricos conviven con canales y fuentes que siguen la disposición original de los manantiales, generando un espacio donde el patrimonio se percibe en relación directa con la naturaleza. La proximidad del Molino de Batán y El Pinar de los Manantiales refuerza la coherencia del recorrido y permite situar al visitante en el contexto más amplio de la historia hidráulica y agrícola de Torremolinos. Además de su valor histórico y paisajístico, el jardín ofrece espacios de ocio y aprendizaje. Entre ellos destaca el laberinto natural de Aligustre, ubicado en la zona central, que permite recorrer el jardín de manera más dinámica y explorar la vegetación mientras se sigue un trazado definido. Los senderos conectan distintas áreas temáticas, invitando a conocer tanto la diversidad vegetal como los elementos constructivos del conjunto. El acceso es de tres euros, lo que hace el espacio fácilmente accesible a residentes y turistas que buscan experiencias diferentes a las playas de la Costa del Sol. El diseño del jardín busca combinar la conservación de especies con la experiencia del visitante. La variedad de especies vegetales permite observar cómo conviven especies autóctonas con otras adaptadas al clima mediterráneo, mientras los sistemas de agua regulan la humedad y contribuyen a mantener un microclima estable. Esto también favorece la presencia de fauna, especialmente aves y peces en los estanques, enriqueciendo la experiencia para quienes recorren el jardín. El rincón japonés del Jardín Botánico Molino de Inca Uno de los espacios que más llama la atención dentro del Molino de Inca es su jardín japonés, que ocupa unos 500 metros cuadrados y sigue el estilo Tsukiyama, característico de la jardinería nipona. Este enfoque busca reproducir la naturaleza a escala, generando paisajes montañosos en miniatura con colinas, lagos y microrrelieves. La zona se encuentra sobre una ladera rocosa y combina especies vegetales japonesas con construcciones tradicionales del país, integrándose con los canales, fuentes y estanques que ya forman parte del jardín botánico. Los estanques del jardín japonés albergan peces y plantas acuáticas, mientras que las cascadas aportan dinamismo y regulan la humedad, creando un microclima más húmedo que favorece la supervivencia de ciertas especies. Los senderos guían al visitante de manera organizada, permitiendo recorrer los distintos elementos del jardín, como colinas artificiales, puentes y casas típicas japonesas, que reproducen fielmente la estética nipona en miniatura. La combinación de agua, vegetación y arquitectura permite apreciar cómo los principios de la jardinería japonesa se adaptan al clima mediterráneo de la Costa del Sol. El diseño de este rincón se integra sin alterar la estructura histórica ni los manantiales del Molino de Inca, combinando patrimonio y estilo internacional. Más allá del aspecto visual, cumple una función educativa: permite entender la relación entre agua, vegetación y diseño paisajístico, así como la convivencia de especies locales y exóticas en un entorno controlado. Los visitantes pueden recorrer los senderos, observar la fauna y la flora y comprender cómo la planificación del jardín combina sostenibilidad y conservación. El jardín japonés contribuye a que el Molino de Inca no sea solo un espacio histórico, sino también un referente de biodiversidad y planificación paisajística en Torremolinos. La visita puede comenzar en la réplica del molino y avanzar hacia el jardín japonés, ofreciendo un recorrido que integra conocimiento histórico, exploración de la naturaleza y apreciación de un paisaje diseñado con principios internacionales. La combinación de agua, vegetación y construcciones permite una experiencia completa y organizada, que refleja la integración de estilos diferentes dentro de un espacio urbano mediterráneo.