Odiar a las mujeres de izquierdas

Se han sucedido estos días los relatos de algunas mujeres sobre el calvario que aguantan por el hecho de dedicarse a la política en formaciones de izquierdas. La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital Rita Maestre lleva meses recibiendo en su domicilio de madrugada la visita de desconocidos en busca de sexo pagado. Por lo visto, alguien ha facilitado en una aplicación de mensajería la dirección de la casa que comparte con su pareja y sus hijas pequeñas haciéndola pasar por un prostíbulo. Qué asqueroso y qué intrusivo que un putero en estado de embriaguez despierte a tu bebé en plena noche, y te obligue a hablar con él aunque sea para decirle que se largue. La eurodiputada de Podemos Irene Montero soportó toda una legislatura como ministra con la indeseada compañía de una caterva de ultras apostada en los alrededores de su hogar acosando a su familia, incluidos tres niños. La semana pasada denunció amenazas de muerte procedentes de una organización neonazi fundada en Texas, calificada como terrorista por parte del FBI y del Departamento de Justicia norteamericano, y que se dedica a manipular a jóvenes para inducirles a la autolesión e incluso el suicidio. En un mensaje se habría encontrado una amenaza directa a Montero, como "una venganza contra la sociedad", con su dirección. Hace unos días, la policía detuvo a dos hombres en Toledo y Valencia por acosar y amenazar a la secretaria general de Podemos Ione Belarra a través de las redes sociales. Uno, simpatizante de ultraderechas, y otro con abundantes antecedentes penales, lanzaban cientos de mensajes como "muerte a todas las rojas y perroflautas", el primero o "te meto un tiro en la cabeza feminazi comunista de mierda", el segundo. Hay que tener vocación para seguir en la vida pública sufriendo este tipo de asedios.