La Universidad de Málaga (UMA) ha desarrollado una tecnología pionera que promete cambiar para siempre la forma en que se exploran los recursos del subsuelo. Se trata de un sistema único capaz de generar mapas geoquímicos de alta resolución desde el aire, utilizando un dron equipado con sensores especiales. Este avance permite detectar desde el cielo la presencia de minerales o materias primas estratégicas, muchos de ellos clave para la fabricación de baterías, dispositivos electrónicos, y componentes para las energías renovables o la tecnología aeroespacial. Esta innovación supone un salto cualitativo frente a los métodos de prospección tradicionales. Hasta ahora, la búsqueda de recursos requería expediciones a pie sobre el terreno para obtener muestras de cada punto, un proceso lento y costoso. Como explica Santiago Palanco, investigador de la UMA y una de las figuras clave del proyecto, el método convencional "lleva tiempo, lleva mucho dinero por cada análisis", cuenta en COPE Málaga. La nueva tecnología, en cambio, permite analizar en un solo día una extensión que "de otra forma, tardaría meses en analizar", ganando en velocidad y capacidad. El funcionamiento de este sistema se basa en una analogía que el propio Palanco describe de forma sencilla: la de un niño quemando un papel con una lupa y el sol. El dron, sin embargo, utiliza un láser compacto de altísima potencia. "Imagina que tuvieras la potencia de varios miles de soles concentradas en una fracción muy, muy, muy, muy pequeña de segundo, en nanosegundos, y la concentras en un punto pequeño o algo inferior a un milímetro cuadrado", detalla el investigador. Este impulso láser es tan potente que evapora directamente el material de la superficie del suelo, generando una pequeña chispa. Es en esa chispa donde reside toda la información. La luz que emite contiene la firma química del material analizado. Un pequeño telescopio adaptado, instalado en el mismo dron, se encarga de captar y analizar esa luz a una distancia de entre tres y cinco metros. De este modo, se obtiene al instante la composición del punto exacto donde impactó el láser. Aunque la tecnología analiza la superficie, Palanco aclara que "hay técnicas de análisis de datos muy avanzadas ya hoy en día y muy rápidas, que nos permiten inferir qué es lo que hay debajo del material". La inferencia es posible gracias a que la geología y la historia minera dejan huellas. El investigador recuerda que "España ha sido la cantera de Europa y del mundo durante miles de años". De hecho, "desde antes que los romanos, ya se estaba explotando la península Ibérica para obtener materiales que incluso hoy en día siguen siendo críticos, como puede ser el cobre". Con la información de la superficie, es posible deducir la presencia de concentraciones de estos valiosos materiales en el subsuelo. Las aplicaciones de esta tecnología van mucho más allá de la búsqueda de litio o tierras raras. Según Palanco, "realmente puedes analizar cualquier cosa, analizas a distancia". El equipo de investigación cuenta con una larga trayectoria aplicando esta técnica en otros campos. "Hace 20 años lo utilizamos para detectar dispositivos explosivos improvisados", comenta. También recuerda su uso para el análisis químico de chatarra destinada a la fabricación de acero inoxidable en Algeciras. El futuro de esta tecnología apunta aún más alto, concretamente al espacio. El dominio del terreno para acceder a los recursos antes que nadie es el gran objetivo de la nueva carrera espacial, y herramientas como esta son fundamentales. "Todo lo que hay ahora con la Luna es explotar recursos", afirma Palanco. De hecho, ya hay sondas en Marte que utilizan tecnologías parecidas en tierra, y el reciente ensayo de un dron en el planeta rojo abre la puerta a que futuros modelos transporten sensores de este tipo para realizar análisis aéreos en otros mundos. Este mapa aéreo no es una simple propuesta de laboratorio, sino un proyecto tangible. El investigador confirma que ya cuentan con un instrumento totalmente terminado que se está empezando a aplicar en colaboración con el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), los "otros grandes socios de este proyecto". El IGME, como entidad encargada por ley de realizar el inventario de minas y escombreras de España, es el colaborador ideal para poner a prueba y validar esta tecnología en el campo. El desarrollo de la UMA ya ha despertado un considerable interés tanto en el ámbito científico como en el industrial. "Estamos ya en contacto con, al menos, dos consorcios a nivel europeo", avanza Santiago Palanco. Además, confirma que "hay también interés por parte de la industria", algo lógico si se tiene en cuenta la ventaja competitiva que ofrece esta herramienta. Como sentencia el propio investigador: "Quien tiene esta tecnología está mucho mejor posicionado que cualquier otro". La provincia de Málaga ha sido el campo de pruebas natural para esta tecnología. Palanco comenta que han realizado ensayos con el dron en la comarca de la Axarquía, cerca de un club de aeromodelismo. Pero la vinculación con los enclaves malagueños viene de más atrás. Hace años, antes de la era de los drones, utilizaron dispositivos portátiles con una tecnología similar para realizar estudios dentro de la famosa Cueva de Nerja. Aunque confiesa hablar de memoria, recuerda que en la Cueva de Nerja el equipo estudió "un poco la degradación de determinados espeleotemas", el nombre científico que reciben las estalactitas y estalagmitas. El objetivo era analizar cómo habían evolucionado estas formaciones rocosas con el impacto del número de visitas turísticas. Aquel trabajo, hoy publicado, fue un paso más en una larga evolución que ha llevado la tecnología del laboratorio al campo, primero en una mochila y ahora, por fin, a "el último dominio que nos quedaba por controlar, que era el aire". Detrás de este titular de innovación hay una vida dedicada a la ciencia. Santiago Palanco lleva investigando en este campo desde septiembre de 1994, acumulando más de treinta años de experiencia. Antiguo alumno de la Universidad de Málaga en los años 80, su carrera lo llevó a trabajar en el extranjero en varias ocasiones antes de regresar definitivamente a la UMA en 2010. Su trayectoria es un claro ejemplo del talento y la perseverancia que se esconden detrás de los grandes avances científicos que nacen en la universidad pública.