Cambiar la forma de pensar sobre el envejecimiento puede tener efectos reales en el cuerpo. Investigadores estadounidenses han comprobado que quienes afrontan la vejez con optimismo no solamente viven más, sino que también envejecen mejor. De esta manera, la ciencia confirma que una actitud positiva ante la vejez influye en la memoria, la movilidad y la longevidad.