El incremento de la esperanza de vida es, incuestionablemente, una buena noticia, pero no por ello deja de entrañar desafíos. El hecho de vivir más, sumado a la caída de la natalidad, va dibujando una población cada vez más envejecida que aumenta la demanda de servicios sociales y sanitarios y, por ello, la consejera de Derechos Sociales, Carmen Maeztu, ha abogado por reformar el sistema de cuidados.